Palabra Pública N°32 sept - oct 2024 - Universidad de Chile

maltrecha y vulnerada. Un futuro hipotético que, espere- mos, nunca se haga realidad”. Algo en esta línea ocurrió con la pandemia, recuerda hoy el historiador. “En 2020, una revista online francesa, Le Grand Continent , me propuso que volviera a publicar ese ensayo so- breHobbes, haciendohincapié en suactualidad, cuestiónque acepté. En retrospectiva, esa hipótesis formulada a nivel glo- bal me sugirió una pregunta a una escala más circunscrita y comparativa: ¿quéprecio—en todos los sentidos, empezando por el número de vidas humanas— han pagado los Estados para hacer frente a la pandemia y recuperar la normalidad? Esta cuestión se puede circunscribir a un nivel regional: pien- so en el caso italiano, en el que la pandemia golpeó primero a Lombardía, donde la privatización de la atención médica ha- bía sido importante. Lacontraposiciónpúblico-privadayanos lleva por el camino de las respuestas a la pandemia”. En este ir y venir entre una perspectiva global y una perspectiva cada vez más local, remata, “se reconocerá una trayectoria propia de la microhistoria, o al menos una de sus versiones”. El intercambio con el autor de Historia nocturna (1991) discurrió, así las cosas, entreHobbes, las perspectivas histo- riográficas y las varias normalidades que nos asedian, pero no tardaron en asomar otros asuntos, particularmente los relativos a La letra mata , el último de sus libros en llegar a los escaparates locales (publicado por fce, con traducción, edición y notas del historiador chileno Rafael Gaune): una colección de estudios de caso que reconsideran, con textos a la vista, lo que nos legaron Maquiavelo, Miguel Ángel y Montaigne, al tiempo que tensionan lo identitario, lo sub- jetivo y lo anacrónico, así como lo anómalo y lo normal (no sin recordarnos que “la lectura profunda es sinónimo de filología” y que “filosofar es aprender a morir”). Habla del “precio que han pagado los distintos Estados” para enfrentar la pandemia y recuperar la nor- malidad. ¿Podría explayarse? —Pienso en las vacunas, en las mascarillas, en el con- trol de los movimientos de las personas. La “normalidad” lograda es temporal: somos muchos quienes la conside- ramos un equilibrio frágil. En el prefacio de La letra mata usted escribe: “Insis- tir en la riqueza de las anomalías es muy oportuno, en un contexto (no solo historiográfico) dominado por el big data ”. El Diccionario del español actual define lo anó- malo como lo que “se aparta de la norma, de lo normal o de lo habitual”. ¿En qué piensa usted al hablar de anomalías? ¿Qué riqueza le aportan al historiador y al resto de nosotros? —Aportan una riqueza cognitiva: la anomalía implica necesariamente la norma, en tanto que la norma no puede predecir todas sus contravenciones. Esta asimetría entre anomalía y norma se aplica a todos los significados de la palabra “norma”, que puede designar un hecho dado (una normalidad en el sentido estadístico) o lo que debe ser (una norma, en el sentido moral o jurídico). En ambos casos, las anomalías revelan algo que está oculto. Muchas investiga- ciones inspiradas en lamicrohistoriahan tratadodemostrar la riqueza de los casos anómalos. El historiador estadounidense Robert Darnton dijo alguna vez que no solo esmalo para profetizar el futuro, sino que incluso le pasa algo semejante con el pasado: dado que seguimos descubriendo —y sorprendiéndo- nos con—el pasado, ni siquiera respecto de él podemos ser muy concluyentes. ¿Qué le pasa a usted con el co- nocimiento que tenía o creía tener sobre Montaigne o Miguel Ángel? —Formular hipótesis (no profecías) sobre el futurome pa- rece un gesto legítimo, incluso cuando esas hipótesis no se confirman parcialmente, como en el caso de la conclusión de mi ensayo sobre Hobbes. En cuanto al pasado, está cla- ro que cualquier conclusión, por muy científica que sea, es potencialmente falsable (véaseKarl Popper). Esto tambiénes cierto, por supuesto, en el caso de mis ensayos sobre Mon- taigne y Miguel Ángel. Mi propósito es trasladar la carga de la prueba a mis posibles críticos. Y me imagino que Robert Darnton suscribiría esta afirmación. Se hanvisto en años recientesmuchos paralelos entre el presente y otros momentos, en especial la década de 1930 y el florecimiento de los autoritarismos y populis- mos. ¿Qué tan limitados o contraproducentes pueden ser los paralelos históricos? —Partiré por una experiencia personal: en 2016 estuve en Chicago y seguí la campaña electoral de Donald Trump por televisión. Por primera vez, no pude abstenerme de usar la palabra “fascismo”, que siempre había evitado usar fuera de su contexto específico. Esa analogía —muy exten- dida hoy— era obviamente una analogía parcial. Pero toda historia, como he argumentado, es historia comparada. “El término ‘identidad’ se usa hoy, en singular, como arma contra el mestizaje (…). A este ritmo, llegaremos a un conjunto de un solo miembro: el propietario de sus huellas dactilares”. 12

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=