Palabra Pública N°26 2022 - Universidad de Chile

«Las revistas culturales han servido históricamente como un depósito de memoria simbólica de una sociedad. En ellas la contingencia se entrelaza con discusiones de época: la oferta cultural de ese momento sirve como insumo para reflexionar sobre procesos sociales más amplios», dice Tomás Peters. Universidad de Oxford, en los últi- mos siete años el número de lectores de la prensa escrita en Chile se ha re- ducido a más de la mitad. En un diálogo organizado por Palabra Pública en 2019 sobre perio- dismo cultural, la crítica literaria Pa- tricia Espinosa advirtió esta situación: “Hay una pasividad de los lectores o destinatarios posibles del periodismo cultural. Aquí se realiza el crimen per- fecto, porque por un lado los medios devastan la cultura, la sacan del espa- cio, y por otra parte están los desti- natarios posibles guardando silencio. No hay un reclamo, no hay una ma- nifestación del disenso ante esta eje- cución del crimen”. Una oferta en picada En 2008, La Tercera cerró el su- plemento “Cultura” —que alcanzó a vivir dos años—, y una década des- pués, en 2018, el conglomerado Co- pesa también suprimió la revista Qué Pasa , que mantenía una importante sección cultural. Hoy, el diario solo se imprime los fines de semana y su sección de cultura, rebautizada como “Culto” —que funciona principal- mente en formato digital— reempla- zó las áreas de Cultura y Entretención del diario de papel, las que fueron eliminadas en 2020. La mayoría del personal de estos espacios culturales fue despedido. A esto se suma la reducción de las páginas de “Artes y Letras”, el suple- mento cultural de El Mercurio , mien- tras que La Segunda —que también pertenece al consorcio El Mercurio— sacó sus páginas culturales estables e hizo lo mismo con la revista Viernes , que alcanzó a vivir siete años, desde 2014. En 2019, en tanto, se editó el último número de Grado Cero , revista cultural que circulaba con El Ciuda- dano , y uno de los últimos medios en cerrar fue Caras , en 2019. Hoy, el lugar que ocupa la cultura o el debate de ideas en la prensa es es- caso, advirtió Nelly Richard en 2019: “Creo que es muy difícil entender procesos políticos complejos sin aten- der estos espacios de pensamiento crítico”, dijo la ensayista, quien estu- vo detrás de la Revista de Crítica Cul- tural , que existió entre 1990 y 2008. De aquí que el periodismo cultural no esté solo limitado a cubrir disci- plinas artísticas —literatura, cine, música, etcétera—, sino que sea más bien una forma de entender y abor- dar la realidad. En palabras del ensa- yista Chuck Klosterman: “El trabajo principal del periodismo cultural es llamar la atención sobre la forma en que ‘todo se encuentra completamen- te conectado’ y cómo ‘nada es nunca por sí solo’. Es decir, la función básica del periodismo cultural es buscar esas conexiones”. O, como dice el perio- dista argentino Jorge Fondebrider, el periodismo cultural sería un provee- dor de “referencias, guías y formas de orientarse en un mundo que está lle- no de libros y que necesita que haya mediadores para poder poner orden en toda esta cuestión”. En papel, actualmente sobrevive un grupo reducido de revistas cultu- rales en Chile, entre ellas, Santiago (de la Universidad Diego Portales, que también edita revista Dossier , de la Facultad de Comunicación y Le- tras), Palabra Pública (de la Univer- sidad de Chile), La Panera (creada y financiada por la galerista Patricia Ready), Átomo (de la Fundación para el Progreso) y Punto y Coma (del Ins- tituto de Estudios de la Sociedad). La sostenibilidad del financia- miento es la gran piedra de tope de la prensa cultural, sobre todo en una época en que cuesta considerar un pago por lo que se consume en inter- net. Es por ello que resulta esencial la existencia de medios financiados por instituciones públicas como las universidades, opina Tomás Peters, sociólogo e investigador: “No es lo mismo contar con un medio editorial riguroso, complejo y con un respal- do institucional, que una plataforma editorial digital frágil, esporádica y dependiente de lógicas algorítmicas. No es lo mismo contar con un equipo profesional en condiciones laborales adecuadas, que un equipo rotativo, precarizado y sin una línea editorial fuerte. Tampoco es comparable un medio cultural que busca situar de- bates públicos de interés político-cul- tural, que uno que necesita de likes o retuits para sobrevivir. Considero que el rol de las instituciones públicas es mantener espacios editoriales críticos, sostenibles y con equipos de trabajo sólidos, que contribuyan a agregar complejidad discursiva en las socieda- des”, afirma. Santiago y Palabra Pública , ambas revistas universitarias, son dos de los escasos medios de comunicación en Chile que no dependen de la publi- cidad y, por lo mismo, ni su conteni- 35

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=