Palabra Pública N°25 2022 - Universidad de Chile

Continente nativoamericano y deconstrucciones nacionales Hija natural, de La Chinganera, y La flor del anhelo, de VillaMillie P or la ventana desde el segundo piso de esa ca- sona santiaguina era posible asomarse a ver la avenida Matta, a pasos de calle Carmen, mien- tras dentro arreciaban las coplas y seguidillas y la parejas llenaban el salón entre las mesas y el escenario. Era agosto de 2008, una noche cuequera en Santiago, en la casa elegida por cierto grupo de jóvenes cantoras para invitar a un encuentro de música y baile bajo un llama- do que era un desafío: a pasar agosto con Las Niñas. La de 2008 fue la segunda vez que las anfitrionas convoca- ban a ese ciclo de cuatro semanas previo a las habitua- les fechas dieciocheras de septiembre, y como parte del elenco de ese año, junto a Las Niñas estaban anunciadas La Gallera!!! y La Chinganera, entre otros nombres. La Gallera!!! era un grupo hermano de generación de Las Niñas, tanto así que el guitarrista Juan Pablo Villanueva era parte de los dos elencos. En cambio, La Chinganera no era un grupo sino una mujer: Fa- biola González, cantora venida de la región del Biobío y también presente en los escenarios con un grupo llamado La Mesa del Pellejo, donde actuaba a su vez la actriz y cantante Marcela Millie. Eran días en que la cueca había probado ser un movimiento duradero, con más de un decenio pasado desde la aparición de los primeros conjuntos jóvenes de fines de los años no- venta, y con más de una generación de grupos tocan- do cada semana en escenarios de la ciudad. Y era un tiempo en que el referente mayor de esa cueca seguía estando en cantores históricos del siglo previo como Los Chileneros y Los Chinganeros. Quince años después ese panorama ha crecido. A poco andar, muchas de esas mismas voces jóvenes pres- taron atención a otras influencias además de la cueca POR DAVID PONCE chilenera y chinganera, desde los reper- torios del tango o el vals peruano de la mis- ma vieja guardia, hasta el influjo más ancestral de las décimas y el guitarrón por una parte, o de las tonadas y el canto campesino por otra. Y el trío de jóvenes que estaba en escena esa noche de agosto de 2008 hoy es parte del abanico al que se ha abierto esta evolución. Marcela Millie y Juan Pablo Villlanueva son el dúo Vi- llaMillie, que publicó en noviembre pasado su primer disco, La flor del anhelo . Y Fabiola González sigue sien- do La Chinganera e inició esta temporada con la tercera grabación de su recorrido: Hija natural . Dos discos en- lazados por años de circuitos comunes y por su afinidad entre las tradiciones del folclor y la actualidad. El camino de La Chinganera ha sido en sí mismo un relato de esa evolución. Su primer disco, La Chinganera (2008), partía desde una estación mapuche para seguir por el contrapunto en décimas, el romance y la cueca al modo de exploraciones sucesivas. El segundo madura- ba una postura marcada por la defensa de una creación siempre nueva enraizada en el folclor, tal como se lee en el sentido subyacente al título de ese disco: Todas íbamos a ser Violeta (2014). Y el tercero, Hija natural (2022), corrobora esa convicción por un folclor en movimiento. Un continente del disco está en la cueca. La auto- ra ya había dado a conocer en 2019 las armonías in- novadoras en la cueca “Nativoamérica”, hoy recreada junto a la voz de la cantante maulina Evelyn Cornejo entrelazada con la de Fabiola González. Y se suman a ese repertorio las esdrújulas que dan forma a la “Cueca eléctrica”, con guitarra, bajo, batería y la voz del músi- co de rock Ángelo Pierattini; así como “Arauco”, con las muletillas “Luchando” y “Lloran cultrunes” y la voz 50

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