Antología de Andrés Bello
establecimiento de reglas generales, que facilitase a 10s litigan- tes de un estado la adquisicion de pruebas en otro; que asegu- rasen a las sentencias de 10s tribunales competentes de Chile sLl ejecuci6n en Nueva Granada o MCjico, que fijasen 10s &re- chos de sucesi6n de 10s mejicanos o granadinos a herencias abiertas en Chile, y reciprocamente; que en el cas0 de bienes concursados, esparcidos sobre dos o mas territorios, deslindasen la competcncia y el modo de proceder mas equitativo, m8s im- parcial respecto de todos 10s interesados? He aqui algunos de 10s puntos de derecho internacional en que no seria muy dificil convenirse; y ciertamente las determinaciones que recayesen sobre ellos no nos parecen cosas tan insignificantes que mere- ciesen llamarse de ‘pura forma’. El ministro de relaciones exteriores ha indicado en su “Me, moria” la navegacion interior de 10s grandes rios que baiian diversos estados. Basta echar la vista sobre un inapa de la AmC- rica Meridional para percibir hasta quC punto ha querido la Providencia facilitar el comercio de sus pueblos y hacerlos a to- dos una sociedad de hermanos. Estampada est&en nuestro con. tinente con caracteres indestructibles la alianza de familia que debe unir a todas las naciones que ocupen sus inmensas regiones. Per0 nosotros no vemos en este vasto sistema acuatico una po. sesi6n exclusiva, un medio de uni6n entre 10s sudamericanos solos: abierto a todas las naciones comerciantes del globo, pro- porcionaria un aumento de ventura al gCnero humano, facilitan- do la inmigracidn, y con ella la poblacion de extendidos espa- cios, abundantes de producciones preciosas, y ahora, o del todo desiertos, o pasajeramente ocupados por tribus salvajes; y con ella, la pacification y civilization de esas mismas tribus; y con ella, el comercio, la industria y la riqueza de todos. Las imicas objeciones de peso se refieren a las relaciones politicas con las potencias europeas; y nosotros no estamos dis- tantes de convenir que seria peligroso establecer por base la intervencidn a mano armada en las contiendas que pudieran sobreverir entre cualquiera de 10s estados confederados y cual- quiera de las grandes potencias de Europa, y no so10 nos incli- nariamos a mirarlo como peligroso, sino como irrealizable. Pero creemos a1 mismo tiempo que la confederacidn pudiera ernplear con fruto otros medios que el de la fuerza abierta: el de la me- diacibn, por ejemplo; y creemos en la eficacia de estos medios sin contar para el10 con otra cosa que el inter& de las potencias europeas. Todas las naciones fuertes han abusado y abusaran de su poder; no hay congreso en el mundo que pueda oponer resistencia eficaz a una ley que tiene su origen en la constitu- cion moral del hombre. Per0 no podra negarse a lo menos que 16
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