Antología de Andrés Bello

10s misteriosos instintos del alma, destinados a ponerla en rela- ci6n COII el universo sensible, y a elevarla sobre ese universo hasta la esfera de las verdades eternas, a que la experiencia no alcanza? iSeria posible concebir este otro orden de fenbmenos, esta otra cadena de existencias sucesivas, coordinadas entre si, coordinadas con el universo material, sin una inteligencia ante- rior, suprema, ordenadora? Otro caracter de la Primera Causa, revelado por el universo, es una voluntad soberanamente libre. El mundo fenomenal que tenemos delante es un complejo de especialidades. Fijeinonos en un solo fenbmeno: en la fuerza de proyecci6n de que estA ani- mado nuestro sistema planetario, y que RO falta probablemente a ninguno de 10s orbes de que vemos poblado el espacio. Con- traigjmonos a un solo accidente de este fenomeno: la direcci6n de la fuerza. Los nlovimientos actuales suponen indudablemente una o mAs direcciones primitivas, de tal manera determinadas, que resultasen de ellas estos movimientos que actualmente se verifican en el universo. Per0 una necesidad primitiva, destitui- da de voluntad y de elecci6n, no pudo producir especialidades bajo este respecto, ni bajo otro alguno; no pudo hacer que un inovimiento se explicase en la direccibn A B, mas bien que en la direccion B A, o en otra direccibn cualquiera; todas las lineas que pueden trazarse en el espacio eran para ella iguales; desa- rrollarse preferentemente en una, era obrar como un principio electivo, como una voluntad libre. “Rec6rranse”, dice Samuel Clarke, “todas las cosas del mun- do, y se veran en ellas caracteres que demuestran del modo mAs claro que todas ellas son obras de un agente libre. No se ve en elias el menor indicio de necesidad absoluta. El movimiento mismo, su cantidad, sus determinaciones, las leyes de la gravi- tacibn, todo eso es perfectamente arbitrario, y pudiera ser ente- ramente diverso de lo que es. No hay nada en el n6mero ni en el moviiniento de 10s cuerpos celestes que convenga a la ne- cesidad absoluta de 10s espinosistas. El n6mero de 10s planetas pudo haber sido maycr o m-enor. El movimiento que tienen so- bre sus ejes pudo haber sido mas lento o mBs rapido. Su mo- vimiento de occidente a oriente fue visiblemente una cosa de pura eleccibn, pues el de 10s cometas testifica que hubieran po- dido moverse, como ellos, en cualesquiera otros sentidos. Todas estas cosas hubieran podido diversificarse a1 infinito; si son de uii modo v no de otro, es precis0 reconocer en la causa primera una apencia libre. Lo mismo se infiere de las existencias terres- tres. ;OuC necesidad habia de que existiese precisamente el n& mer0 de er;pecies animales y vesetales que existen? CY quiCn no RO se avergonzaria de decir que ni la forma, ni la mtructura, ni Ia menor circunstancia de las cosas terrestres, pudo haber sido dispuesta de otro modo por la causa suprema?”. 140

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