Antología de Andrés Bello
cura y vigor de las ideas, a lo menos en lo pulido del estilo, y en 10 suave y fluido del verso. La ultima de !as cuatro secciones en que dividimos el se- gundo periodo, es la filosbfica. Cicer6n es el primer escritor que llama nuestra atenci6n en ella. Convendria leer algunas de sus Cuestioiies Tusculanas, 37 si es posible 10s tratados enteros De officiis, De natura deorum y De republica, el 6ltimo de 10s cua- les, como produccidn de uno de 10s m8s sabios y experimenta- dos poliiicos, debiera ser familiar a todo americano que haya recibido una educacidn clasica. Creemos que seria conveniente dedicar mas iiempo a Cicer6n y no tanto a Quintiliano, y toda- via menos a Skneca. DespuCs de un estudio completo de Cice. ran, se encontrara poca dificultad en aquellos autores, y seria mejor dejarlos a la afici6n particular; porque seg6n observamos antes, la enserianza de las escuelas no puede tener otro objeto que poner a1 alumno en estado de instruirse a si mismo. Esca- sisimos en verdad serian sus frutos si no la estudiase y ferti- lizase la aplicacih privada. Para la cuarta seccion de este segundo periodo, hemos des- tinado el drama. Pero aqui aun el mas entusiastico admirador del genio roman0 reconocera la inmensurable inferioridad de 10s autores latinos a sus prototipos griegos, argument0 decisivo, cuando faltasen otros, de que la poesia, con la sola exception de la satira, fue una planta exotica en el aspero suelo de la dominadora del mundo. Sin embargo, pues que estudiamos las letras laiinas, no solo por su mCrito comparativo, sin0 como interesantes reliquias de la vida intelectual de un gran pueblo, debemos extender nuestro examen aun a1 departamento del dra- ma. Familiarizados con 61, acaso encontraremos fundamento pa- ra no admitir en toda su extension el riguroso fallo pronuncia- do por F. A. Schlegel y por algunos otros acalorados partidarios de las producciones dramaticas de 10s griegos. Empezando por la tragedia, nos parece que deben leerse una o dos de las piezas que corren comunmente bajo el nombre de SCneca. La primera de la lista, el Hercules furens, es una de las mejores, sin0 positivamente la mejor, aunque participa de 10s defectos comunes a todas, hinchazon y extravagancia. Por esto, y porque forma un punto curioso de comparacion con el Hera- cles Mainomenos de Euripides, le damos la preferencia, para muestra de la tragedia latina. Otra que recomendamos es la Octavia, que tiene la singu- laridad de haber abandonado el circulo de 10s siglos heroicos; de lo que apenas hay ejemplo en todas las tragedias griegas. El asunto es de la edad misma del autor. La heroina es Octavia, hija del emperador Claudio, y esposa de Neron, que, habiCndoIa repudiado, la desterr6 a la isla de Pandateria, y le hizo dar la muerte. 134
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