Judith Butler en Chile y en la Chile

34 – – 35 es meramente lo que hacemos en todas nuestras clases; le da forma a la aspiración ética de vivir en las encrucijadas de las lenguas, sin importar lo di- fícil que sea el impasse que encontremos. Por cierto, la traducción puede llevarnos a un im- passe. En un primer momento, una lengua extran- jera suena como ruido –no puede ser asimilada dentro de lo que ya comprendemos. Muchos de ustedes que han aprendido inglés como segunda lengua conocen esto bien, como ocurre con quie- nes, entre ustedes, han perdido el dominio del in- glés para ingresar en otra lengua. Pero si rehusa- mos aprender otra lengua, permanecemos dentro de los horizontes clausurados del monolingüismo, creyendo que los límites de nuestra propia y es- pecífica lengua son los límites del sentido, la ra- cionalidad, la cultura –y esto es un terrible error, porque estrecha el horizonte del mundo. Se debe tener paciencia con lo enigmático, dejar que lenta- mente lo desligue a uno de sus certezas. La traduc- ción trae pesar junto a una nueva conexión. Algo del original se ha perdido, es incluso irrecuperable. La poeta brasileña Cecília Meireles escribió que “el dolor es como una lengua extranjera” –el dolor está allí, inaccesible y, sin embargo, el yo lo siente. Me pregunto: ¿no podríamos acaso escribir la misma línea acerca de la alegría? “Siento que la alegría del mundo es como una lengua extranjera”–, un en- cuentro en que nos perdemos a nosotros mismos en aquello que no conocemos, para emerger trans- formados y fortalecidos por los modos de conocer que han sido abiertos por otra lengua, otra litera- tura, aquellas que pensamos que jamás podríamos conocer. En este sentido, siempre hay un riesgo implicado en las transformaciones a que dan lugar la literatu- ra, las humanidades y las artes. Mientras vemos a migrantes detenidos en la frontera, nuevos muros que se erigen y una retórica xenófoba inundando el discurso político, podríamos, pues, hacer una pausa y preguntar nuevamente, como si fuese la primera vez, ¿qué significa leer? ¿imaginar de otra manera? Aferrarse a la noción de lo que todavía es posible de cara al impasse, tener todavía esperanza en medio del realismo de la desesperanza, preci- samente porque uno es retenido de momento por el libro, por la obra de arte, que vuelve a abrir el mundo de modo crítico.

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