Magdaluna
Todos estaban preocupados por Magda Malas Pulgas. Ella también lo estaba, pues no entendía por qué tenía ganas de lloriquear y reñir hasta con la sombra del minino. Su carita de luna se enrojecía de tanto afligirse. La pesadumbre la embargaba y ya no sabía quién era ni qué quería. ¡Ay, dulce Magdalena, qué sucede!
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