Neoliberalismo, neodesarrollismo y socialismo bolivariano

97 respondió a estrictos motivos económicos y fue suprimida al chocar con los valores humanistas del imperio inglés 137 . En esta ridícula fábula se invierten los datos básicos de la historia para exculpar a los esclavizadores y responsabilizar a los esclavos por sus desgracias. Se enaltece directamente a las potencias coloniales, que en el debut del capitalismo recrearon una modalidad brutal de opresión laboral. Solo un razonamiento fatalista puede imaginar que la esclavitud generó más beneficios que sufrimientos. La combinación de esta visión mecánica, con la idealización del liberalismo, conduce a presentar la eliminación de la trata como un acto iluminista de modernización. Esta mirada observa a los oprimidos como objetos inanimados, totalmente ajenos al curso de los acontecimientos. Por eso Sebreli omite la extraordinaria revolución social y anticolonial de Haití, que condicionó todo el proceso de la independencia de América. Su presentación endulzada de la esclavitud exige ocultar esa gesta. Sebreli también reivindica el colonialismo inglés por su difusión internacional de conocimientos, saberes y mejoras económicas 138 . Repite las viejas leyendas escolares del hombre blanco que emancipa a los nativos de su ignorancia y penurias. Pero evita comparar esa filantropía con las destrucciones que consumaron los colonizadores para multiplicar sus ganancias. No considera, por ejemplo, la hemorragia demográfica que sufrió África por la sustracción masiva de pobladores convertidos en esclavos. Esa depredación humana derivó en siglos de estancamiento del continente negro. El escritor argentino reproduce el positivismo deshumanizado que la socialdemocracia asimiló del liberalismo a principio del siglo XX. Esa absorción incluyó la reivindicación del colonialismo como un proceso de civilización de los pueblos bárbaros. Que esa obra de progreso fuera realizada por cazadores de esclavos, depredadores de caucho o saqueadores de marfil nunca inquietó mucho a esa tradición. Ni siquiera registró que los conquistadores de África estaban ubicados en las antípodas del capitalista productivo. La socialdemocracia pro imperial siempre encontró alguna justificación del “costoso precio” que impone el “avance de la historia”. Con ese criterio, eludía distinguir a las víctimas de los victimarios y omitía denunciar el enriquecimiento de las minorías a costa de las mayorías. En el relato que ofrece Sebreli, los elogios del colonialismo inglés son sucedidos por críticas a los regímenes políticos radicales surgidos de la descolonización. Los breves y frustrados ensayos de “socialismo africano” a mitad del siglo XX, en Angola, Mozambique, Etiopía o Yemen del Sur, son incluso equiparados con el fascismo 139 . 137 Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad , Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 241- 247). 138 Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad , Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 248- 255). 139 Op. Cit. (pag 248-255).

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