Neoliberalismo, neodesarrollismo y socialismo bolivariano
79 referencias al socialismo en el campo de la cultura. Esta evolución estuvo signada por la adopción de una extraña variedad del marxismo, tan reacia a la beligerancia popular como hostil a cualquier convergencia con el nacionalismo revolucionario. El devenir de Sebreli se inscribe en este legado y, actualmente, incluye intensas cruzadas a favor de los gobiernos derechistas. Ha transformado su disgusto con el caudillismo en una diatriba contra el populismo. Identifica ese tipo de acción política con el fascismo de masas. Mediante ese paralelo reaviva la vieja idealización de la democracia (equivalente a Estados Unidos) y de la república (equiparada con gobiernos conservadores) 91 . Pero esa mirada invierte la realidad de América Latina al detectar fascismo en Chávez o en Evo y no en Uribe o los golpistas de Honduras y Paraguay. Los militantes que resisten las provocaciones mafiosas son acusados de promover la violencia y los causantes de repetidas sangrías son exculpados de sus crímenes. Sebreli ya no logra distinguir lo más básico del posicionamiento político. Confunde al agresor con el agredido y al fascista con el antiimperialista. Padece una fuerte alergia a cualquier indicio de intervención popular. Se irrita especialmente con las “multitudes”, olvidando que las masas son protagonistas centrales de cualquier transformación social. El pensador argentino ha dejado atrás el socialismo de salón para expresar su enemistad con el populacho desde los diarios tradicionales de la oligarquía. Al igual que Cardoso y Castañeda, recuperó su matriz liberal, sepultó su incursión por el marxismo y retomó los valores de la intelectualidad conformista. Dependencias diluidas El recorrido seguido por Sebreli, desde el purismo marxista hasta el social liberalismo extremo, incluyó una crítica virulenta a la teoría de la dependencia. Consideró que esa concepción carecía de sustento político por su estrecha ligazón con planteos emotivos. Estimó que todas las demandas de liberación nacional habían perdido sentido en un escenario de países con independencia política ya consumada 92 . Pero ese cambio de status derivado de victorias anticoloniales nunca fue desconocido por el marxismo antiimperialista. Esta visión simplemente evitó la fantasía de colocar en un mismo plano a todos los países que comparten el atributo de la soberanía formal. Esta igualdad es cotidianamente violada por las potencias imperialistas que dominan el tablero mundial. Basta observar como la independencia de Grecia es mancillada por los acreedores alemanes o de qué forma la soberanía de Honduras ha sido desconocida por los golpistas de la 91 Sebreli, Juan José. “El populismo rechaza la democracia”, La Nación, 4-11-2012. 92 Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad , Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 318- 320).
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