Neoliberalismo, neodesarrollismo y socialismo bolivariano

71 Esos condicionamientos afloraron en los años 80 y 90, cuando la crisis de la deuda masificó la miseria y pulverizó la estabilidad del constitucionalismo. Allí se verificó el carácter opresivo de las “democracias excluyentes” forjadas en los años previos. Esos regímenes convalidaron el empobrecimiento popular y consumaron una gran transferencia de ingresos a favor de los banqueros. Estos efectos regresivos fueron minimizados por los autores que promovieron los acuerdos de transición posdictatorial. Suponían que el constitucionalismo abriría las compuertas del bienestar, desconociendo las consecuencias de perpetuar estructuras económico sociales inequitativas y adversas al desarrollo. Concentraron sus estudios en la temática institucionalista evitando cualquier referencia a la desigualdad, a los intereses de clase o a la explotación capitalista. Solo difundieron miradas conservadoras para apuntalar el orden vigente 71 . Inspirados en el modelo de la transición española, los dirigentes del Partido Socialista de Chile implementaron el esquema más acabado de esa estrategia. Pactaron el sostenimiento de la Constitución pinochetista y compartieron el gobierno de la Concertación. Ese curso se convirtió en el arquetipo de una administración socioliberal. Promovieron el librecomercio, la flexibilización laboral y la privatización de la educación. El social liberalismo fue, también, auspiciado por algunas versiones de origen eurocomunista. Recurrieron a la autoridad de Gramsci para destacar la conveniencia de forjar sociedades civiles cimentadas en la influencia cultural de los trabajadores. Sostuvieron que este proceso permitiría suavizar las normas coercitivas del Estado y contrarrestar la preeminencia del mercado, a través de un consenso de largo plazo entre el proletariado y la burguesía. Pero la experiencia posterior demostró que las clases dominantes no comparten el poder, solo cooptan a ciertas capas de origen popular utilizando las prebendas del Estado. Se demostró que los espacios gestionados por los asalariados distan mucho de reproducir la paulatina conquista del poder que consumó la burguesía bajo el feudalismo. Los trabajadores no acumulan riquezas, no controlan empresas, ni administran bancos. Por estas razones tienen obstruida la reiteración del camino que históricamente transitaron los capitalistas. Antes de asumir el control del Estado, esa clase se convirtió en acreedora de los gobernantes y dueña del poder económico 72 . El socioliberalismo hizo suyos todos los conceptos de la tercera vía, la transición pactada y el gramscismo socialdemócrata. Con ese arsenal teórico, escaló posiciones en los Estados, la academia y los círculos de poder de América Latina. Varios autores, provenientes del marxismo, se 71 Una crítica en: Osorio, Jaime. Explotación redoblada y actualidad de la revolución. ITACA- UAM, México, 2009, (pag 145-168, 237-239, 197-209). 72 Nuestro enfoque en: Katz Claudio, “Las disyuntivas de la izquierda en América Latina”, Edición cubana: Editorial Ciencias Sociales La Habana, 2010, (pag 135-136).

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