Texto y censura: las novelas de Enrique Linh
3 de la revolución francesa, los gustos de la Belle Epoque) y, por el otro lado, el único lenguaje disponible en un conti nente que vive de "préstamos culturales". Acaso la única for ma de postular nuestra identidad sea desde la constante paro dia de los distintos discursos culturales que nos constituyen. Nos interesa hacer hincapié en las estrategias que se emplean en estas novelas para hablar sobre lo prohibido. Al respecto, Lihn ha emparentado su forma de decir novelesca con la de la picaresca española: Habría que tener presente aquí los estudios de Amé- rico Castro; porque esas novelas tpicarescasj , es - critas en un período sombrío y que registran esas miserias (la Inquisición, sin ir más lejos), eluden la censura sometiéndose a ella, se desarrollan a través de una sintomatología en cuya constelación dispone Freud el lapsus y el chiste. En estas nove las se internaliza la censura, la asume el texto en el carácter de los sujetos que son los portadores del gesto rebelde de ilumínente: Don Quijote es el humanista, censurado por su condición de loco y tam bién de retrógrado; el Lazarillo es la mirada lúci da y candorosa a la roña social de su tiempo, censu rado textualmente por su condición ruin e irremedia ble, de hijo de ladrón y de puta.(3). Proponemos que estas novelas descalifican la cultura oficial desde la parodia. En términos muy generales, la parodia es la descalificación de una forma expresiva a través de la imi tación cómica de ésta. Como práctica cultural, el discurso paródico pone en cuestión ol acto mismo de conceptualizar cualquier cosa a través del lenguaje. Proponemos que Lihn pa rodia el discurso autoritario; pero también parodia el acto mismo de la escritura. Por lo tanto, su discurso no estaría diseñado para presentar alternativas a un colectivo, sino más bien para generar un espíritu crítico permanente sobre la rea lidad nacional e hispanoamericana.
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