Texto y censura: las novelas de Enrique Linh

19 ricana está contaminada por la cultura parisina, se parodia, en último término, el galicismo que nos constituye En una larga conversación con la revista Ciarte, Pompier co mienza finteando así a su interlocutor: Dada la reconocida claridad francesa a la que usted, señor, hace, según creo, honor con sus dos apelli - dos --Clairement Carré-- sería deseable que no me malentendiera usted por el simple procedimiento de impedirme concluir una frase (p.156). Pompier se burla aquí del sujeto cartesiano de las letras francesas. Existe un sujeto trascendental, capaz de acce­ der a la verdad de las cosas; existe un yo que se reconoce en su palabra y a través de ella interpreta el mundo. La lógica que soporta a este sujeto teológico es de orden causalista. De allí que Clairement le pida a don Gerardo un ordenado itinerario de su vida literaria, con puntos inicia­ les y terminales precisos — algo así como un manual donde se cuente cómo se ha cumplido teleológicamente nuestras vidas (tal como fue programada desde su inicio por la Razón): hago esta entrevista para la revista Clarté, mucho me temo que ellos esperen que les propongamos un cierto itinerario ¿no es cierto? Que les digamos, paso a paso, quién es usted y cuál es la razón por la cual ha llegado a ocupar, bueno, un sitial de importancia en el mundo de las Bellas Artes, aquí en este continente... Empecemos por el principio (pp.157-5) . Descubrimos en Carré una cierta obsesión taxonómica, una pasión desmedida por los esquemas binarios, una identifi­ cación con representaciones estáticas del conocimiento.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=