Texto y censura: las novelas de Enrique Linh

13 Si nuestra madre común, Eva, no hubiera pecado por temor al qué dirán de la gentualla, nada había ocu rrido en el tiempo de nosotros, no habría encontra do su origen en esa placenta divina, la historia to da --grande o pequeña-- ni usted ni yo o Albornoz podríamos hacer ningún comento del coito original, ni nada (p.73). Al texto de Lihn le convendría, al decir de Barthes, un lee tor histérico, pronto a gozar con la exhibición de las debi_ lidades humanas, con el teatro de las pequeñas pasiones --intrigas amorosas, lealtades traicionadas, celos profesio nales, duelos narcisistas. Específicamente, este lector his térico debe celebrar la exhibición de ciertos ritos de con­ vivencia literarios, corroídos por el lugar común de la Acá demia (el Recital, el Congreso de Escritores, los Concursos, las Revistas Literarias). Es el goce ante la visión de la mediocridad de la vida, como cuando nos conmovemos, por e- jemplo, con los siguientes versos de un "sonetillo" maestro de Trina Cepeda: ‘'Soy de tu misma madera / y aunque madre hay una sola / del mar tuyo soy la ola / hija de tu espumi- dera. /Y he venido a reventar / a la orilla de tu mar1', (p. 139) . Sátira entonces de los lugares comunes de la literatura; a legre parodia de una palabra regresiva que se transfigura al ser exhibida corno un cuerpo erótico. Clairement Carré AP es una sátira de las letras francesas vinculadas al dis­ curso crítico-filosófico de nuestro continente. Se hace énfasis en dos lugares comunes del estereotipo fran cés: su claridad --expuesta en una entrevista que otorga Pompier a la revista Ciarte-- y su tic subversivo — manifes tado en el informe "post-estructuralista" preparado por los intelectuales en el Congreso. Como la cultura nispanoame-

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