Texto y censura: las novelas de Enrique Linh
17 Estuvimos, también es cierto, ayunos del copioso ta lento de un senador Joseph R. MacCarthy, pero en fin, hice lo que pude con los medios de que dispo nía, y la delación --como instinto del hombre natu ral-- y los medios primitivos de los que a falta de otros se echó a mano, hicieron lo suyo (p.251). Ironía, burla, placer: esos son los modos de disolución que ensaya Lihn para el discurso autoritario, que ha prevaleci do en nuestro continente. U r b a n a C o n c h a Al Congreso de Miranda sólo llegan escritores de segunda o tercera categoría, conocidos más por su anecdotario que por su escritura. Sus nombres los retratan de cuerpo entero: Juan Meka, Trina Cepeda, Urbana Concha, el amigo Verga. Es tos vates convocan el sentido en la ridicula seriedad del estereotipo: "The stereotype is the world repeated without any magic, any enthusiasm, as though it were natural, as though by some miracle this recurring word were adequate on each occasion for different reasons, as though to imitate could no longer be sensed as an imitation: an unconstrained word that claims consistency and is unaware of its own in- sistance" .(11). AP convive con el estereotipo, lo muestra irónicamente, go za con sus aberraciones. Ejemplarmente irónicas son las presentaciones que hace G. de P. de los escritores partici pantes en un Recital. De una amiga suya dice: ’Urbana Con cha de de Andrade nació en una árida hacienda del Gran Cha co pantanoso, en las proximidades de esa tierra en la que ningún investigador ha logrado poner pié: el Chaco Boreal" (p.291; el subrayado, innecesario, es nuestro). Acaso tenía presente ese intenso intercambio de cartas con la escritora, en una de las cuales ésta hace honor a las tierras calientes de su patria del siguiente modo:
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