Cosmografía y otros escritos de divulgación científica

Cosmografía 4 Para las estrellas, como antes dijimos, es de ninguna im- portancia la diferencia entre el horizonte sensible y el hori- zonte racional. Pero respecto de los demás astros no es lo mismo. Si suponemos dos observadores, Pedro y Juan, que, co- locados a cierta distancia de una torre, la refieran a la es- fera celeste, sucederá que la cúspide o punta de la torre se les proyectará sobre diferentes puntos de la esfera: si Pedro está al este de Juan, su punto de proyección en la esfera estará al oeste del punto de proyección de Juan, y recí- procamente. La distancia angular entre los dos puntos de proyección será tanto menor, cuanto más distante de los observadores estuviere la torre. Esto mismo sucede con los astros cuya distancia de la tierra no es tan grande que pueda considerarse como infinita respecto del radio terrestre; que es el caso en que se en- cuentran todos los objetos celestes errantes, o que varían de situación entre las estrellas. Así dos observadores colo- cados en distintos parajes de la tierra referirán estos astros a diferentes puntos de la esfera: la distancia angular de los puntos de proyección será sin duda muy pequeña compara- da con la del ejemplo anterior, por lo mucho que dista de nosotros aun el más cercano de los astros errantes; pero será sin embargo apreciable. Por consiguiente, para que sean comparables las observaciones de estos objetos, es menester tomar en cuenta la distancia angular de la proyección, re- firiéndolas a un horizonte determinado, o mejor, al hori- zonte racional. Debe, pues, corregirse la proyección, redu- ciéndola a la del ojo de un observador, colocado en el centro de la tierra. Figurémonos dos observadores, Pedro y Juan, aquél colocado en la superficie y éste en el centro del globo terráqueo, mirando ambos un mismo objeto celeste en un 54

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