Cosmografía y otros escritos de divulgación científica

Cap. IV. Del sol en torno al sol, y no al contrario? Según el sistema de la atracción universal, cuya certidumbre está hoy perfecta- mente demostrada, ninguno de los dos, rigurosamente ha- blando, debe moverse alrededor del otro, sino ambos alrede- dor de su centro común de gravedad; y puesto que por cálculos fundados en fenómenos bien observados se prueba que la masa o cantidad de materia del sol es a la de la tierra como 355,000 a 1, el centro común de gravedad de estos dos cuerpos no puede estar a una distancia considerable del centro del sol. En efecto, se calcula por esos datos que esta distancia es como de 95 leguas o 1/ 3300 del diámetro solar. Miraremos, pues, al sol como el centro, comparativamente inmóvil, alrededor del cual describe la tierra una órbita elíptica, de las dimensiones y excentricidad, y con las va- riaciones de velocidad, arriba dichas, ocupando el sol uno de los focos de la elipse; desde donde derrama en todas direc- ciones la luz y el calor, tan necesarios para la vida de los seres organizados. Después veremos confirmada esta idea. 10 Para concebir con claridad los movimientos verdaderos de la tierra y de los planetas, podemos trasladarnos en ima- ginación al sol, desde donde los contemplaremos despojados de las apariencias ilusorias que les dé la instabilidad del pun- to de observación en que estamos acostumbrados a verlos. A la manera que por la paralaje diurna se refieren al cen- tro de la tierra posiciones que se observan sobre su super- ficie, por la paralaje anual o heliocéntrica las referimos al centro del sol, o más bien, al centro común de gravedad del sol y de todos los cuerpos que forman un sistema parti- cular con él y con la tierra. La paralaje diurna proyecta los objetos sobre una esfera de infinito radio, cuyo centro es el mismo que el de la tierra; la paralaje heliocéntrica, sobre una esfera casi concéntrica al sol. Nacen de aquí las , 61

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