Ser-humano (cartografía antropológica)
— 170 — Cada uno de los términos mencionados (hiperrealidad, y otros, incluyendo en ello también las propias estrategias fatales ) da testimonio de la concepción del ser humano frágil. Por de pronto, las estrategias fatales se refieren a las estrate - gias del sujeto moderno en su afán de definir, controlar y dominar la realidad y el mundo, en lo cual se ve completamente sobrepasado, deviniendo sus estra - tegias, por ello mismo, precisamente en una fatalidad. Ellas provocan a fin de cuentas un efecto bumerang . Esto es lo que sucede, por ejemplo, con la medici - na, la cual, al generar ambientes asépticos, con una higiene y una profilaxis cada vez mayores, nos lleva a tener problemas inmunológicos, quedando expuestos a bacterias y virus mutantes que se ciernen hoy sobre inmensas poblaciones humanas. Baudrillard describe esto al modo de un tránsito que va primero del valor de uso de las cosas a un valor de cambio , y luego de este último a un valor fractal , en el que acabamos en el extravío. Así, sucede con las armas, que han te - nido primero un valor de uso (la cacería), luego un valor de cambio (y hasta este punto ha estado todo bajo un relativo control), para desembocar finalmente en el valor fractal, que corresponde a la fabricación de armas atómicas, capaces de destruir miles de veces la vida en el planeta, con lo cual la estrategia de la fabricación de armas se vuelve fatal. Al mismo tiempo, estos objetos –como las armas o la medicina– quedan fuera de sí : desde el momento que se precipitan en la mencionada fractalidad, convirtiéndose en objetos extáticos . En razón de lo anterior, podemos ver a Baudrillard como el pensador del éxtasis del objeto o del objeto extático . En rigor, el alcance que tiene esto es universal, ya que cuando el filósofo-sociólogo habla de objeto alude a la totalidad de la realidad en su relación con el sujeto humano (en lo que se adivina notoriamente un presupuesto kantiano). Por eso, en definitiva junto con el objeto, es la rea - lidad la que queda fuera de sí. A ello se debe que en nuestra época se da esta relación tan singular con la realidad, que ya no la podemos definir, controlar y, mucho menos, dominar; por eso su caracterización como hiperrealidad. Este haber quedado el objeto, la realidad, fuera de sí, se puede especificar, se - gún veíamos, en la medicina o en las armas, pero también en los más diversos ámbitos –lo cierto es que prácticamente no queda nada fuera. Así la educación: desde el momento que entra la sospecha que lo que llamamos educación o for - mación más bien deforma, la educación queda fuera sí, es parte del objeto ex - tático, y no menos sucede que desde el momento que entra la sospecha de que este mundo de unos ciudadanos llamados “cuerdos” en verdad semeja la locura desatada, y que probablemente un esquizo-frénico o un loco son más cuerdos que los sujetos llamados “normales”, entramos en la anti-psiquiatría; de este modo, la psiquiatría queda también fuera de sí. Asimismo desde el momento que la moda tiene mucho más poder que la estética, la estética pasa también a ser parte del éxtasis del objeto.
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