Ser-humano (cartografía antropológica)
— 125 — “De la necesidad de la acción arranca la conciencia / Bewusstsein / del mundo real, no al revés, de la conciencia del mundo la necesidad de la acción; esta última es la primera, no aquella; aquella es la derivada. No actuamos porque conocemos, sino que conocemos porque estamos destinados a actuar; la razón práctica es la raíz de toda razón” (Bdm, p. 263). Y junto con esta contundente afirmación de la acción, a la conciencia ética ( Gewissen ) le cabe aquí un papel señero: “Ella, esta voz de mi conciencia / Gewissen / me ordena en cada situación par - ticular de mi existencia lo que estoy destinado a hacer y lo que debo evitar en ella; ella me acompaña a través de todos los avatares de mi vida, en la medi - da en que la escucho atentamente, y nunca deja de recompensarme, cuando debo actuar /.../ / Escucharla, derechamente y obedecerle sin reservas, temor o astucia, éste es mi único destino, ésta la única finalidad de mi existencia” (BdM, p. 258-259). Con ello observamos cómo la conciencia ética, la conciencia que dirige e ilumina la acción es a su vez la respuesta a lo que expresa el título de la obra de Fichte, esto es: El destino del hombre . Estoy en el mundo, existo para actuar y no sim - plemente para elucubrar, discurrir o meditar. Mi destino es hacer, es transformar el mundo. Y no se trata únicamente de que el hacer, el obrar, el actuar es el destino del hombre, sino también su determinación. La obra se llama en alemán Die Bes- timmung des Menschen , y ‘ Bestimmung ’ se puede traducir como ‘destino’, que corresponde a su sentido más antiguo, y como ‘determinación’. La conciencia es a la par el oráculo del mundo espiritual eterno , vale decir, del “reino de los fines”, en el que están contenidos los grandes ideales de la humanidad. Tengamos en cuenta respecto de ese mundo espiritual , que a la vez es un mundo moral y que ello se relaciona con la “disputa sobre el ateís - mo” en que se vio envuelto Fichte desde la publicación de su obra primeriza Ensayo de una crítica a toda revelación . Ésta se había atribuido a Kant, ya que se publicó en forma anónima, lo que éste tuvo que desmentir. Ello se debe a que para Fichte lo que sea Dios o lo divino equivale nada más que a ese mundo moral o espiritual. Por otra parte, el mencionado mundo de los grandes ideales de la humanidad tiene todos los visos de la “filosofía del co - mo-sí” kantiana de la cual Fichte sería tributario. Se trata de suponer “como sí” hubiera un tal mundo, el reino de los fines 81 . Pues bien, la conciencia (con 81 Renato Ochoa plantea al respecto en un artículo sobre la disputa del ateísmo en torno a Fichte lo siguiente en “Revista Philosophica”: “Ahora bien, la autolimitación del Yo podría ser entendida como un Yo práctico que se hace teórico, porque el Yo, en la misma medida que es práctico, produce lo real y, por lo tanto, desde sí mismo no sería necesaria una limitación; sólo el Yo teórico-especulativo es limitado, y éste
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