Ser-humano (cartografía antropológica)

— 124 — gando argumentativamente la teoría representacional (la teoría sujeto- obje - to). De acuerdo con ella, todo lo que es, es porque yo me lo represento (ser = representación). No puedo estimar el ser de algo con independencia de mi re - presentación de ello. Se produce ahora un diálogo entre el espíritu ( Geist ) y el yo ( Ich ), que viene a ser el yo del filósofo. Mas, en la medida en que se avanza en este diálogo, el yo comienza a advertir cómo la teoría representacional que hasta ahora lo había rescatado y afirmado, induce no sólo a que nuevamente él periclite, sino el mundo entero. Esto se debe a que cada cosa, incluyéndolo a él mismo, no es sino representación, a saber una representación que no permite afirmar lo representado. Esto implica que el yo , el mundo, la realidad entera se sumen en algo de índole onírico, ya que justamente de los sueños podemos decir que hay representaciones que no permiten afirmar la realidad de lo representado. Si antes con el determinismo era más bien el peso ontológico de una realidad completamente ordenada y regida por leyes irrestrictas la que hacía sucumbir al yo , ahora, con la teoría representacional, es más bien la irrealidad de puras representaciones que no dan garantía alguna de remitir a algo representado, la que otra vez lo hace sucumbir. Con un sesgo claramente cartesiano, y nuevamente a modo de una salvación, en esta situación el yo se permite simplemente dudar. Sólo en la duda pretende ser algo. Y así como la duda (la duda metódica) salvó (en términos de una “salvación filosófica”) a Descartes y gracias a ella nació el ser humano como centro para permanecer, desarrollarse y madurar en la historia, así ahora la duda vuelve a salvar a Fichte. También resuena aquí: al menos soy algo, algo que duda. Y a su vez, así como a Descartes se le presenta el “genio maligno”, que lo puede enga - ñar en todo, menos en que es “algo que piensa”, así en El destino del hombre el espíritu que en principio se había presentado como salvador, es tratado ahora como “espíritu embaucador” (se presentó primero con la promesa de salvar al yo , pero luego lo dejó otra vez sucumbir). Y claramente nos damos cuenta a la vez de la enorme diferencia entre Descar - tes y Fichte. Si con el primero, se está iniciando la teoría representacional, a raíz de la primacía del sujeto sobre el objeto (todo ha de justificarse de cara a la “inspección de la mente”), con el segundo, al revés, la teoría representacio - nal acaba por anular al sujeto, al yo . Mas, como bien sabemos, Fichte es el filó - sofo del yo: el yo es para él la certeza primordial, a partir de la cual, el mundo se presenta simplemente como “no-yo”. Pues bien, esta re-afirmación del yo (y por lo tanto una suerte del renacimiento del ser humano como centro) se da en términos de una pareja afirmación de la razón práctica, y al mismo tiempo, de un yo activo :

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