Ser-humano (cartografía antropológica)

— 118 — viene a ser el juicio final ( Weltgeschichte als Weltgericht ). De todos modos, cabe destacar al respecto lo singular de este juicio final en la historia misma, ya que todo queda justificado. Ya sobre la base de la doctrina de la armonía prestablecida de Leibniz podíamos decir que las mayores atrocidades de la historia pueden siempre encontrar su justificación de aquí a la eternidad, ya que todo lo malo ha de cambiar de signo. Con Hegel diríamos que esta misma idea es elevada ahora a la forma de un tri - bunal, mas lo que sea un tribunal, al menos de esta laya, carece de legitimidad, pues se trata de un tribunal cuyos fallos siempre han de ser asertivos. De alguna manera, esto es lo que inevitablemente tiene que suceder desde el momento que se entiende el universal del espíritu o la razón como “universal concreto”, ya que entonces no hay propiamente una instancia separada trascendente y completamente independiente en la cual radique un juicio sobre el acontecer histórico humano. Justamente en razón de ello se puede entender la negativa de Jaspers: el tribunal de la historia no es el juicio final ( Weltgeschichte ist kein Weltgericht ). El Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, Jorge Polo Blanco, plantea cuestiones inquietantes en su artículo “Felicidad y sacrificio en la historia” respecto de lo que está en juego en la Filosofía de la historia de Hegel, la cual es su principal referente 78 . En lo fundamental, se trata de una historia concebida como “altar del sacrificio”, desde el punto de vista de lo que atañe a individuos, pueblos y Estados y, unido a ello, de la visión ontoteológica de la historia sobre la que se cimienta la obra hegeliana: “Pero aun cuando consideremos la historia como el ara ante la cual han sido sacrificadas la dicha de los pueblos, la sabiduría de los Estados y la virtud de los individuos, siempre surge al pensamiento necesariamente la pregunta: ¿ a quién, a qué fin último ha sido ofrecido ese enorme sacrificio? […] Partiendo de este comienzo, nos hemos referido a los acontecimientos que ofrecen ese cuadro a nuestra melancólica visión y a nuestra reflexión, y los hemos determinado como el campo en que queremos ver los medios , para lo que afirmamos ser la deter - minación sustancial, el fin último absoluto o, lo que es lo mismo, el verdadero resultado de la historia universal”. Los hombres y los pueblos son así marionetas instrumentalizadas cuya consistencia no es sino la de servir al resultado final de la Historia. Hombres y pueblos, pues, sacrificados para mayor gloria de ese gran Ídolo, la Historia, cuya finalidad última nada tiene que ver con la felicidad de los hombres. “Se puede tomar también la felicidad como punto de vista en la consideración de la historia; pero la historia no es el terreno para la felicidad. Las épocas de felicidad son en ella hojas vacías. En la historia universal hay, sin duda, también satisfacción; pero esta no es lo que se llama felicidad, pues es la satis - 78 F. Hegel, Lecciones sobre la Filosofía de la historia universal , Madrid: Alianza, 2004.

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