Memoria histórica sobre la revolución de Chile : desde el cautiverio de Fernando VII, hasta 1814
280 JIIE3IORIA HISTÓRICA Cadiz al frente <le la Majestad ha necesitado tener una Juuta y con su consentimiento nos la ha enviado de modelo, resistamos nosotros se guir su ejemplo? ¿ La Suprema Junta de Sevilla, la Central y otras <le la Península no son otros tantos gritos que nos avisan la necesidad de tan útil establecimiento? Discutir entre muchos los medios ele acertar, no seri1 ma"> seguro que esponerse al concepto de uno solo; añadir n los conocimientos del Jefe los de otros igualmente fieles, porque ha ele reh;ijar u autoridad? ¡ acaso nos enseñan otra cosa las leyes cuando el Rei no proveyó de g u a r dador ele] R<'i huérfano l ¡.porque pues, para conservar el Reino de Chile a un Monarca se p a r ado ' violentamente do sus dominios por una negra u s ur pasion rlejaremos a disposicion de uno solo esa guarda estando en un caso mns apurado? Cnan<lo hemos visto un Heal Decreto que nos priva clel consuelo de ocurrir a In soberania para toda solicitud que no tenga planes de guerra ¿ a quién dirijirémos nuestros clamores, l'uaodo para la guerra es forzoso tener a la mano los arbitrios? Lo que se oculta a las luces de uno, puede ofrererse a la de muchos; y al fin, si las razones de la Península y de la América son fas mismas, o acaso mayores por la distancia de la sobcraoia para consultar las dudas: es preciso rendir&c con ceguedad a los ejemplos del Gobierno ele aqu e llo. = Hespornlian otros ¿ porqué no aguardamos el último resultndo de la Pe n ins u l a ? ¡ ah I si este es desgraciado ¿qué lugar podrú dejarnos al dolor que ocuparú en noso tros el sentimiento de nuestros hermanos para prevenir me<liclns que no nos cooduzcnn a una catastrofe? Es mui compnñero el yerro de lo que se piensa en los momentos prccipitndos de le ao g u s ti n . El enemigo no avisa y examina el descuido para aprovecharse de él. Antes de sufrir los h o rrores del incendio es preciso precaverse del fue g o . ¡ Acaso todos no te nemos unas miras l Pues ellas únicamente deben interesarnos: tlc s preo dámonos de cuanto hai y abracemos este medio, o ménos cierto , o ménos arriesgndo para conseguirla.=Crecic1n las ajitaciooes de competen cias tan honradas que el Ayuntamiento pidió se oyesen l,,s corpor.iciooes d ? algunos vecinos de rcpresentacion y congregados on el palacio ,lcl Ca pitao Jeoeral, acordaron de r.omun sentir que, cuando el pueblo era c¡uien debia defenderse y librarse en sus bienes, en su esfuerzo y en sus vidas, el triunfo, era ioclispcnsable tambieo oírle, Asl se verificó el 18 del c·orrient.e, unidos los Jefes de los cuerpos políticos y militares, los prelados de las relijiones y los primeros nobles hasta el número de 450. La acta y dilijeocias adjuntas que, humildemente pasamos a las supre mas manos ele V. M. acreditan que, despues rlc de ,rositar j e oero s a - mente el Capitao Jeoeral en manos del pueblo el bastoo, se decidi<T la cuestioo por el voto jeoeral, e�tableciéndose la Junta Provisional Guber- t nativa del ll.oioo a nombre del S r. D. Fermmdo VII y <le sus lcjitimos re p resentantes, sin notarse un rlesórdeo pe q ueño. El pueblo s a t i s fecho <le la fidelidad de su actual presidente estuvo tuo léjos de admitirle la di- misloo del mando que ha querido ase g urar sus derechos y estos dominios afianzando su p er p etuidad. Las distintas confianzas q ue los ciernas electos hao merecido a V. M. y a la Patria en las comisiones que hao honrado su lar g a vida, manifiestan tambieo las sanas intenciones, no méoos de los el e- jidos q ue de los olect0res. Las p rovincias interiores comienzan y a a tribu-
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