Las relaciones entre América Latina, Estados Unidos y Europa Occidental
LAS RELACIONES ENTRE AMÉRICA LATINA, ESTADOS UNIDOS y EUROPA OCCIDENTAL decidan utilizar masÍvamente su poder en América Latina a través de las múltiples formas de influencia que están a su disposición, es menester que los intereses -en este caso específico, objetivos centrales- de los go– biernos latinoamericanos sean incompatibles con aquellos de los Estados Unidos. Dicho de otra manera, es necesario que algunos o todos los países latinoamericanos estén considerando el estrechamiento de sus vínculos con potencias hostiles a los Estados Unidos, o bien, que adopten actitudes y políticas contrarias a la preservación de la influencia económica norte– americana y del sistema en que ésta se apoya. Cuando, por el contrario, hay consenso y coincidencias básicas entre los objetivos centrales de la polí– tica latinoamericana de los Estados Unidos y las políticas concretas de los países de la región, el ejercicio de la influencia a través de prácticas de persuasión y, sobre todo, coerción, se hace innecesario. No queremos decir con esto que el consenso y coincidencias sean absolutos, ya que ello implicaría desestimar la existencia de conflictos relevantes en áreas tan dispares como la importación latinoamericana de tecnología nuclear del tipo "ciclo completo", el cumplimiento de los derechos humanos o la explotación de los fondos marinos. Queda, pues, en claro que la coin– cidencia se refiere a los objetivos centrales y no se extiende necesaria– mente a todas las áreas y temas espécíficos en que hayan vinculaciones entre países latinoamericanos y los Estados Unidos. La existencia de estas coincidencias básicas nos lleva a afirmar que en la América Latina de 1979, los valores esenciales y constantes defendidos por los Estados Unidos en la región a lo largo de gran parte de la historia de las relaciones interamericanas gozan de aceptación general, si no en las distintas capas de la población, al menos en los reducidos estratos que actualmente detentan el poder en la abrumadora mayoría de los países de la región. Ha habido, en consecuencia, un fenómeno de "legitima– ción" creciente en este campo, siempre que este concepto se entienda en el sentido de una aceptación general de valores, políticas y decisiones que se apoya más en el convicción de que se trata de un orden natural de las cosas que en la utilización de la fuerza física u otras formas de coerción. Esta legitimación se refiere a los tres objetivos que hemos enumerado: seguridad, acceso económico y respeto a las reglas del juego en que éste se apoya, y, finalmente, estabilidad. No puede decirse lo mismo de otros objetivos que los Estados Unidos han perseguido en la región, como, por ejemplo, la promoción del sistema democrático liberal (administración Kennedy) y la defensa de los derechos humanos (administraciones Ken– nedy y, sobre todo, Carter). Sin embargo, la falta de coincidencia en tomo a estos objetivos y el relativo fracaso de Washington en obtener su cumpli– miento por parte de los gobiernos latinoamericanos deben ser evaluados tomando en cu.enta tres consideraciones: primero, el hecho que estos objetivos de los Estados Unidos no han sido constantes y que, por el contra– rio, históricamente tienen un carácter bastante incidental; segundo, las contradicciones y ambigüedades que estas políticas muestran, y, tercero, el carácter secundario que ámbos objetivos parecen tener, al menos si se 20
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