Desarrollo de la Antártica
Osear Pinoehet de la Barra / BASES PARA EL DESARROLLO ECONÓMXOO ••• Antártica. ¿Por qué este temor? Unicamente porque con el (x}rrer de los años, y a pesar del arto 49, se temió que esa investigación científica se realizara o se utilizara en menoscabo de las sobera– nías existentes. ¿Qué decir ahora de las actividades económicas que se proyectan? Que el temor es muchísimo más grande por la naturaleza de ellas. Un reglamento aceptable para el desarrollo económico de la An– tártica será el que, sin afectar los dCledlos de soberanía, mantenién– dolos congelados, dé intervención predominante en ese desarrollo a los miembros activos del Tratado Antártico. Para no tocar dichas soberanías es indispensable conservar el principio de la unanimidad en los documentos que se redacten, lo que permitiría así que cada país juzgue la conveniencia de las me– didas que deban tomarse en el futuTO. La intervención predominante de los miembros activos tendrá que manifestarse en la confección del reglamento de exploración y explotación minera, con claras normas sobre la concesión de auto– rizaciones y formación de sociedades. ¿Quién podría negar a los miembros del Tratado Antártico el derecho a completarlo con un anexo que se refiera al desarrollo eco– nómico? La comunidad internacional aceptó una vez que nos ocupá. ramos con exclusividad del sexto continente, cuando se trataba de solucionar el delicado problema político que ahí existía. Entonces es– tablecimos un sistema jurídico que es ley fundamental a la cual deben ajustarse todas las actividades antárticas. Cuando venga la explotación del petróleo, continuaremos asumiendo esa obligación, que no corresponde a Naciones Unidas, a la FAO u otro organismo. Eso no puede interpretarse como una posición egoísta, ni quiere decir que mantendremos a la humanidad al margen de las riquezas '\ntárticas. Pero, insisto: los miembros activos del Tratado Antárti– co tenemos derecho a elaborar las nuevas normas aplicables y a velar porque se evite el peligro df' la contaminación. No sería realista que tratáramos de determinar ahora mismo có– mo se van a explotar todas las riquezas de la Antártica. Primero, porque hoyes técnica y económicamente imposible hacerlo. Hable– mos, pues, sólo del petróleo. Enseguida, porque las labores del Ar– tico no nos dan todavía seguridad acerca de cómo evitar la cont'!· minación. Por último, porque la situación jurídico-política de la Antártica es muy variada, y lo lógico es comenzar a explotar aque– lla parte donde hay menos problemas.
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