Desarrollo energético en América Latina y la economía mundial

Francisco Claro / CIENCIA, TECNOLOGfA y DESARROLLO ENERGÉTICO mental. En este sentido los casos de Sudáfrica y Brasil son también buenos ejemplos. Se puede afirmar que la originalidad y éxito de sus soluciones se deben a la resolución con que estos paises han destinado recursos a investigación y desarrollo en el campo energético, y a la formación de recursos humanos en el área científico-tecnológica. Entre 1964 y 1965 Brasil aumentó su inversión en programas de postgrado en un mil por ciento y nuevamente en un 500 por ciento entre 1965 y 1967 (2). Esta semilla sembrada en la década pasada ha permitido que en las universidades brasileñas, por ejemplo, se encuentre hoy depar– tamentos de física excelentemente dotados con investigadores del más alto nivel de conocimientos y productividad. En el programa de utili– zación del alcohol en transporte ese país está invirtiendo a razón de mil millones de dólares anuales, lo que claramente demuestra la volun– tad de generar la solución local sin mezquindad. Sudáfrica por su parte está invirtiendo seis mil millones de dólares en sus nuevas plantas de petróleo sintético. Estas inversiones son cuantiosas y posiblemente fuera del alcance de los países pequeños. Las hemos citado como ejemplo para ilustrar la importancia del esfuerzo que un país debe desplegar para producir la solución local a su problema energético. Es corriente medir la inver– sión en investigación y desarrollo en términos de un porcentaje del producto nacional bruto. Como ejemplos podemos citar a Japón que gasta un 1,9% de su producto nacional bruto en investigación y desa– rrollo, Alemania Federal con un 3,2%, Israel con 2,5%, los Estados Unidos un 2,2% (3), Brasil cerca del 1% y Chile entre un 0,3 y 0,4%. Como el monto del producto de estas naciones es muy diferente, tam– bién lo es la cifra que destinan a investigación y desarrollo. En térmi– nos del porcentaje citado, sin embargo, es bien sabido que el esfuerzo relativo de las naciones desarrolladas es mucho mayor que el de las naciones en desarrollo. Todo los estudios de dichas relaciones coinci– den en señalar que esta realidad tiende a perpetuar la desigualdad existente entre estos dos grupos de países. La cifra mínima recomenda– da para los países en desarrollo es del orden del 1 % (4). Estos porcen– tajes incluyen tanto la investigación básica como la aplicada. El concepto de investigación y desarrollo a que nos hemos referido tiene un significado bien preciso. Consiste en la actividad de identi– ficar un problema 'Y definirlo en términos susceptibles de estudio, buscar su solución a través de la investigación y, finalmente, si el pro– blema es de ciencia aplicada, llevar esta solución a la práctica en el terreno. Como ejemplo supongamos que un agricultor detecta una peste desconocida en su siembra de alfalfa. Para combatirla es necesa- ]39

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