Panorama de la política mundial
Osear PinochlJt de la B. I LAS RELACIONES INTERNACIONALES DE JAPÓN proveedores de las fuerzas de las Naciones UnidJas y de los Estados Unidos, respectivamente -de 1951 a 196,3 las ventas en Corea le produjeron 2,2 billones de dólares-; la reinversión de las ganancias, preferentemente, en la ampliación de industrias o en la creación de nuevas fábricas; la mano de obra relativamente barata y muy es– pecia1izada; la baja inversión social; la r<i:pida capitalización merced a la propensión al ahorro del pueblo japonés; la permanente im– portación de todos los a1d!ela,n.tos tecnológicos de las naciones más avanzadas; el financiamiento bancario baratO'; una sociedad altamen– te competitiva; 25 años de estabilidad política ininterrumpida. Pero el más importante y verdadero moWr que 'lJ.a mO'vidO' todo 10' an– terior: las cualidades de trabajo, responsabilidad y austeridad' de la raza japO'nesa. Claro que se ha elevado la productividad sin fijarse en los sacri– ficios. En cO'mparación con otros países, en el Japón de postguerra se destinó una proporción infinitamente mayor de la producción anual de mercaderías a la formación de capitales. En 1962 la producción de bienes die capital en el producto bruto fue, en Estados Unidos, del 1&%; en Francia del 19,6%; en Alemania Federal del 25,3%, y en Japón del 34,4%9. Por eso Japón ha sido todos estos años un país millonario de clase media, y si bien su producto nacional bruto llegó a ser el segundo del mundo libre -166 billones de dólares en 1969--, el ingreso per cápit,a fue sólo de 1.289 dólares, ocupando el 159 o el 16<'> lugar. Conviene recordlar que el crecimiento promedio en los principales países del producto nacional bruto, entre 1955 y 1974, fue el si· guiente: Reino Unido, 2,8%; EE.UU.} 4,3%; Alemania Federal, 4,7%; Italia, 5,4%; Francia, 5,'7 ro, por 9,8%. Entre 1967 Y 1969, dicho cre– cimiento fue de 13% para el ipaís asiático. Esto prO'dujo desequilibrios qúe afectaron el área social, con baja inversión relativa en hospitales, caminos, habitaciones, alcantarilla– do -más de la mitad de las casas de Tokio no lo tienen-; aumento de la contaminación ambiental y destrucción de la naturaleza; má– xima preocupación por las grandes empresas y abandono de las me· dianas y pequeñas; tendencia alcista en los precios, y, especialmente, especulación con los terrenos urbanos. A lo que debe agregarse el choque inevitable entre las metas materialistas alentadas sin tregua yla8 raíces espirituales de un pueblo de viejas tradiciones. ~Ver nota 6, p. 86. z6r I
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