Las relaciones entre los países de América Latina
Walter Sánchez G.j POLITICA EXTERIOR DE AMÉRICA LATINA: AGENDA DE INVESTIGACIÓN El diseño de política exterior en AméÍ'ica Latina debiera tomar en cuenta esta verdad capitaL El concierto de intereses es lo que debe pre– dominar en los entendimientos regionales por sobre la absolutización de otros valores tales como el de la seguridad nacional, el nacionalismo excluyente, una retórica tercermundista a veces sin contenido e incluso ciertas formas de gobierno democrático tradicional, muy respetables pero anacrónicas en su concepción internacional. En la actualidad la práctica del transnacionalismo en la economía política mundial ha cruzado la geografía regional y las barreras ideo– lógicas; prueba de ello es el pujante comercio entre las economías centralizadas y el sistema capitalista. Frente a esta dinámica casi irreversible, los países de América Latina debieran abrirse a los bene– ficios innegables de este movimiento transnacional, cuidando, eso sí, de no claudicar en aquellos valores propios que se siguen sosteniendo a través de otros tipos de competencia, por la autonomía el identidad nacional. El aspecto innovador está claramente señalado por el papel de "puente de cristal" que puede jugar América Latina en la cooperación horizontal y en la articulación de intereses del Tercer Mundo y en el diálogo Norte– Sur por un "Nuevo Orden". Lo importante es no caer en el aislacionismo, cuando el transnacionalismo es lo que caracteriza las relaciones inter– nacionales del presente y futuro. Globalidad y omnidireccionalidad En muchos casos los excesos de preocupaclOn por las consideraciones militares y defensivas así como las argumentaciones anticomunistas o ante cualquier amenaza ideológica o militar, pueden producir verda– deras fijaciones intelectuales que son nocivas para una visión global y dinámica de la política exterior. Por otro lado, una visión mercantil de la diplomacia también es un enfoque unidimensional e incómpleto. En un mundo que avanza hacia un "Nuevo Orden" internacional, América Latina no puede mantener una perspectiva parroquial y de alineamiento automático con los intereses de las potencias de occidente que a veces no coinciden con nuestros propios y legítimos intereses. Esta misma fijación un un sólo sector de problemas, en un planeta cada día más interdependiente, se puede producir cuando un país enfatiza como valor supremo los aspectos tendientes a "regular" la conducta de los ciudadanos y "asegurar" sus fronteras, sin poner el mis:mo em– peño por eliminar medidas de coerción y promover políticas partici– pativas en el concierto de las naciones. Estos criterios suponen que si bien Amé,rica Latina es un aliado vital y un miembro clave de la comunidad occidental y del Atlántico, ello no impide buscar los intereses propios de la región y mantener un equilibrio en las relaciones con países de la
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