Nuestros vecinos

El ayer y el mañana de la relación con Perú y Bolivia 427 a coordinar la diplomacia con la estrategia, relativizar los dogmas tecnocráticos de los supremacistas económicos, rectificar comportamientos arrogantes y xenofóbicos en la sociedad, privilegiar los componentes culturales de la integración, identificar puntos de docencia a nivel nacional y reconocer que la razón jurídica siempre es imprescindible... pero no siempre es suficiente Obvio es apuntar que una Cancillería con una base académica y curricular así enriquecida, tendrá más autoridad para ir cerrando puertas al espontaneísmo di- plomático. En cuanto a las Fuerzas Armadas, los gobernantes tendrán que orientarlas hacia un profesionalismo participativo o de apoyo a las políticas públicas relacionadas con la inserción internacional de Chile. Al respecto, cabe reconocer que hoy están mejor posicionadas que la Cancille- ría para adecuarse a los cambios que vienen. El general Juan Emilio Cheyre, quien lideró la recuperación del Ejército para la sociedad global, entre los años 2002 y 2006, lo tenía muy claro cuando sostuvo que dicha arma «es uno de los medios de la política exterior de Chile» y que, en este mundo globalizado, la soberanía no es un valor absoluto y debemos apostar a la integración y a la colaboración, en lo regional. 1 Tales conceptos inspiran la Ordenanza General del Ejército promulgada el 22 de febrero de 2006. Son señales de que, incluso para los militares, la disuasión debe disminuir su ponderación en la seguridad nacional, en beneficio del integracionismo. Es explicable que sea así pues, en materia de relaciones vecinales, experimentaron el escarmiento insuperable de la vida. Bajo el mando político y mili- tar del general Pinochet, Chile sufrió las mayores amenazas del siglo XX. Dos veces, durante los años 70, incluso hubo peligro de guerra. Además, si las Fuerzas Armadas mantuvieron su estructura incólume -al contrario de la Cancillería-, está claro que experimentaron un dramático desgaste de sus principios y valores doctrinarios. Es justo agregar que la nueva relación civil-militar es el correlato de las políticas prudentes de los gobiernos de Concertación y de la profesionalización, cualitativamente superior, de los altos mandos que sucedieron a los «pinochetizados». Por cierto, la disciplina jerarquizada -espinazo de la cerrada profesionalidad cas- trense- facilitó una recuperación relativamente rápida de los principios y valores. Sobre la profesionalización de calidad superior, baste decir que entre las metas institucionales del Ejército está el bilingüismo total. Ya cuenta con casi 10 mil efec- tivos que acreditan más de un 50 por ciento de dominio del inglés. Entre otros avances, esto le permite presentarse, en su folletería institucional, como «una em- presa al servicio de todos los chilenos» y como una fuerza «exportadora de paz», en relación con sus misiones en Haití, India-Pakistán, Medio Oriente, Kosovo, Afganistán, Bosnia y Chipre. A mayor abundamiento, según cifras de 2004, su planta de oficiales cuenta con 7 Ph D (doctores), 547 magister y 893 diplomados en diferentes disciplinas. Su comandante en jefe hasta marzo de 2006, el general Cheyre, es Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Complutense y director de un centro académico en la Universidad Católica. Su sucesor, el general Oscar Izurieta Ferrer, es magister en Ciencia Política de la Universidad Católica y coautor de una tesis académica sobre las relaciones chileno-peruanas. 1 Entrevista con el autor en La Nación Domingo , 19.12.04

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