Nuestros vecinos
Mario Artaza Rouxel 422 excusar o minimizar ninguno de estos incidentes sino señalar que ellos pudieron ser discutidos en el ámbito de los mecanismos existentes. Incluso se ha llevado esta aguzada sensibilidad al plano comercial. Un artículo del profesor Alan Fairlie embistió contra la negociación dirigida a perfeccionar el ACE de 1998 (finalmente exitosa) calificando a la actual relación comercial de desequilibrada y las inversiones chilenas en Perú de asimétricas, Describió a nues- tros países como competidores en la Cuenca del Pacífico y acusó a Chile de inten- tar consolidar la subordinación económica del Perú y determina que la iniciativa del anillo energético es para boicotear la justa demanda boliviana de negociación de gas por mar. ¿Es este un análisis serio y desapasionado? ¿Lleva a una conclusión constructiva? Todo este cuadro conduce a cierto nivel de frustración y desaliento entre los chilenos que desean una relación de amistad y acercamiento entre Perú y Chile. Puede incluso aflorar la idea que los repetidos gestos y consesiones por parte de Chile nunca serán suficientes para establecer una relación sana y dinámica. Los gobiernos democráticos de Chile desde 1990 han señalado que la política exterior del país otorga prioridad a América Latina y la enumeración parcial de los impor- tantes acuerdos firmados con el Perú indica que esa prioridad es real. Es cierto que hay sectores de la sociedad chilena que se sienten desligados del entorno y colocan mayor énfasis en un discurso de triunfalismo, de país modelo, que está más cerca de la realidad de otros continentes. Ese discurso, está claro, no es el la mayoría de los chilenos y tampoco representa de modo alguno la política exterior de Chile. El esfuerzo que debemos realizar peruanos y chilenos si deseamos superar este cuadro artificial de constantes tensiones, conflictos privados que son hechos públicos o transformados en interestatales, es enorme y llega al campo de las imágenes y percepciones que están enraizadas a nivel cultural y que tocan incluso las identidades nacionales. Si coincidimos que esto es así, y que los beneficios de la cooperación y del diálogo son mucho mayores que los del conflicto , debemos iniciar ya a todo nivel, con la diversificación de actores pertinentes, más allá de las Cancillerías, un trabajo arduo de superación de esas percepciones históricas. Si nos equivocamos, si evalua- mos incorrectamente los riesgos que enfrentamos, todos resultaremos perdedores. Nota : este trabajo está basado en uno fue presentado en un seminario de académicos del Institu- to de Estudios Internacionales y del Instituto de Estudios Peruanos, en Lima, diciembre de 2005, que formó parte del Taller de Política Vecinal.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=