Nuestros vecinos
Las relaciones entre Chile y Perú... 419 Perú fue la cuna de muchas grandes civilizaciones y la última, antes de la llega- da de los conquistadores hispanos, el Imperio Inca, conquistó territorios que iban desde lo que es hoy Ecuador hasta el noroeste de Argentina y hasta el río Maule en Chile. Comparados con ese Imperio, nuestros mapuches estaban mucho más atrás en cultura y logros de todo tipo. Luego, mientras Pizarro encontraba excelentes bases para un Virreinato lleno de boato, riqueza y esplendor, el descubridor Almagro regresó de Chile en gran pobreza, para ser derrotado en Salinas y condenado al garrote, mientras sus pocos seguidores, los de Chile, maquinaban el asesinato del Marqués Pizarro. En la Colonia, Chile fue una país dedicado en el centro a una explotación agrícola ganadera que dejaba pocos excedentes de trigo y cueros para la exportación al Perú, mientras en el sur lo que existía era un campamento militar permanentemente dedicado a la guerra contra el pueblo mapuche. Esa es la reali- dad que forjó a Chile, con un tipo de inmigración basada en soldados, comerciantes y agricultores que enfrentaban una vida dura, sin mucha contribución laboral indí- gena. Callao era el gran puerto del Pacífico, mientras Valparaíso era poco más que una aldea de pescadores. Luego, en esa cruel Guerra Civil que fue nuestra Guerra de la Independencia, nuestros patriotas con la importantísima ayuda de San Martin y tropas argentinas pudieron derrotar en Chile no sólo a las tropas realistas, sino también a la delgada capa nobiliaria y burocrática con arraigo y lealtades con la Corona y la metrópolis. El cuadro en el Virreinato fue diferente. Allí la mirada estaba más cerca de privilegios de nobleza. La decisión de O»Higgins llevó a la preparación de una Gran Escuadra Libertadora para transportar tropas al norte, cooperando con la decisión de San Martín de llevar la independencia al Perú. La presencia de tropas chilenas junto a las argentinas y las acciones de la Escuadra Libertadora no fueron del agrado de muchos en la Lima virreinal. Perú, sin embargo, reconoció con gran nobleza el aporte de O»Higgins, designándole Gran Mariscal del Perú, acogiéndolo luego en su exilio y entregándole una hacienda en Montalbán para sus años de retiro. Nacimos entonces a la vida independiente con cunas diferentes y con tradicio- nes de vida diversas. En Perú, la elite estaba acostumbrada a la vida gentil de una gran capital, sustentada en las riquezas mineras y en el trabajo indígena, mientras en Chile, una elite mucho mas reducida en número, debía ganarse el magro susten- to con escasos medios, haciendo frente a tierras que requerían ingentes esfuerzos de regadío para ser productivas y siempre bajo la amenaza y demandas que imponía la guerra constante contra los indígenas del sur. Después de la independencia Chile logró establecer las bases institucionales en la década del treinta bajo la guía del Ministro Portales. Portales era un hombre de comercio y de profundo realismo político. Miró con decidida desconfianza las acciones del Mariscal Santa Cruz destinadas a crear una Confederación Perú-Boliviana que ejercería un poder preponderante en la región del Pacífico Sur en desmedro de Chile. Las actividades de Santa Cruz, a su vez, de cooperar con el líder de los pipiolos de Chile, el General Freire, confirmó su deci- sión de ayudar a los sectores desafectos del Perú para derribar a Santa Cruz y deshacer la Confederación. Eso se logró en Yungay y el Jefe de las tropas expedicio- narias chilenas, el General Bulnes, que fuera mas tarde elegido Presidente de Chile, recibió de sus aliados peruanos el grado de Gran Mariscal de Ancash.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=