Nuestros vecinos

Mario Artaza Rouxel 418 talidad de triunfador, un tanto xenófobo, agresivo, militarista, con ansias de ex- pansión de su territorio con pretensiones de invadir económica o comercialmente a los países vecinos?. ¿Será Perú, como lo ven los peruanos, un país amenazado mili- tar y comercialmente por Chile, que necesita hacer valer los que considera sus dere- chos ignorados en materias de demarcación marítima?. ¿O acaso será Perú un país que mantiene un rencor centenario y que en su proceso de formación como nación requiere de un enemigo histórico para ayudar a consolidar su espíritu nacional y superar sus profundas divisiones y cuya elite recurre constantemente a crisis en sus relaciones con el vecino del sur para mantener los apoyos necesarios, como a veces se ve al Perú desde Chile?. ¿Hay cabida para la cooperación y el entendimiento entre ambos países o siempre estará sobre ellos la sombra de un posible conflicto? No espero dilucidar todas estas interrogantes. Existen estas percepciones, como hecho ineludible, aquí y allá. Son hechos de la causa que debemos enfrentar y podemos ayudar a buscar las raíces de las mismos, a comprenderlos buscando caminos para superarlos o al menos, para atenuarlos. La profesora Paz Milet publicó en 2004 un interesante estudio bajo el sugeren- te título «Chile-Perú: Las dos caras de un espejo» sobre las percepciones que exis- ten a los dos lados de la Línea de la Concordia. Quiero destacar una cita que ella hace de José Rodríguez Elizondo, profundo conocedor de y admirador del pueblo peruano, al referirse a los efectos distintos que tuvo la Guerra del Pacífico en am- bos pueblos: « el orgullo (en Chile) mutó en arrogancia focalizada…en contra- punto con el rencor peruano, amarró el futuro de ambos países a una íntima ene- mistad, que se expresaría para unos, en la obligación de conservar lo ganado, y para otros, en la necesidad de recuperar lo perdido. Ese amarre impediría asomarse a las posibilidades de una cooperación que potenciara a ambos conjuntamente» 1 . ¿Es esta una constante de nuestra historia futura? Creo que no hay que mirar la política de status quo territorial como una forma de arrogancia. Al menos, esta cita nos señala de modo muy claro que Chile no ambiciona territorio alguno de sus vecinos. En ello debería haber claridad absoluta. No existe ninguna escuela de pen- samiento, ningún plan, ninguna intención secreta, sobre los territorios de los Esta- dos que lo rodean. Conservar el territorio de Chile es hoy, después de ciento veinti- trés años, una marca de estabilidad y de reconocimiento que los tratados vigentes han fijado de manera terminante y definitiva los limites de todo tipo con el Perú; que el Tratado de 1904 resolvió los límites con Bolivia y que numerosos tratados con Argentina también resolvieron todos los temas pendientes de carácter territorial. Se sabe cuando comienza un debate sobre límites y es fácil hacerlo. Más difícil resulta mantenerlo en un plano de serenidad y objetividad y más cuando se tiñe de memorias históricas. Aclarado ese punto, ¿ debemos también dudar de la segunda parte de la cita de Rodríguez Elizondo, o sea , de la «necesidad de recuperar lo perdido», necesidad nacida del rencor. Es decir, ¿es Perú un Estado revisionista?. Es esa una pregunta válida y necesaria. Muchos buscan en lo más profundo de la historia las raíces ocultas de nuestras diferencias. Veamos algunos aspectos, de manera somera, de esa historia común. 1 José Rodríguez Elizondo, «Chile-Perú. El Siglo que vivimos en peligro», pagina 26, Random House- Mondadori, 2004.

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