Nuestros vecinos

El viaje interior... 413 (63%). Considerando que los niveles de pobreza fuera de Lima son mayores, la probabilidad de encontrar una mayor sensibilidad hacia el «problema chileno» en un sondeo nacional sería alta. Ello sin considerar otro tipo de variables cualitativas, como identidades regionales más sólidas y cerradas, que podrían determinar el profundización del «problema chileno». La percepción que tienen los peruanos de Chile y los chilenos es un argumento consistente para sugerir que las fibras más sensibles de este fenómeno se encuen- tran en la dinámica sociocultural de la dinámica interna peruana. Si a la percepción en la opinión pública, añadimos esa admirable capacidad que tenemos los peruanos para celebrar tragedias, transformando lo que fueron derro- tas en admirables victorias de gloria y honor, encontramos nuevas fuentes para argumentar la centralidad de la dimensión social en el «problema chileno». Por ejemplo, el calendario festivo peruano y los íconos de heroísmo patrio están reple- tos de remembranzas de la Guerra del Pacífico: el 7 de junio se celebra la Jura de la Bandera en honor a la Batalla de Arica y la inmolación de Francisco Bolognesi; el 8 de octubre se recuerda la memoria de Miguel Grau y el Combate de Angamos; el 27 de noviembre está la batalla de Tarapacá, en la que se destaca la figura de Andrés Avelino Cáceres, quien fuera además el líder de la resistencia andina a la invasión chilena y caudillo político que ha inspirado las raíces ideológicas de Ollanta Humala. Las celebraciones mencionadas no requieren de una acuciosa búsqueda en los archivos históricos. Se trata más bien de los eventos que marcan la vida social de pequeños pueblos peruanos y de la mayoría de escolares, los cuales son socializa- dos en procesos que pretenden generar identidad nacional a partir de la celebración de eventos que reiteran la oposición peruano chilena y la intensifican. La generación de la identidad nacional tendría al proceso de diferenciación e identificación como elemento principal. Es decir, dos dimensiones paralelas pero no necesariamente simétricas. Por un lado, tendríamos una «heterogenización», que hace que los miembros de un colectivo se perciban como diferentes a otro grupo; mientras que un proceso «homogenizador» hace que los miembros del grupo se aglutinen en rasgos comunes que los hacen percibirse como iguales. El sentido común nos diría que para la identidad nacional la homogenización se hace a partir de los rasgos nacionales que una concepción particular de la cultura y la historia hace aparentemente comunes a «todos» los nacidos en una circunscrip- ción estatal que coincide con el espacio nacional territorial compartido por estos «iguales»; mientras que la heterogenización plantearía la diferencia de aquellos que no comparten el hecho de haber nacido en ese territorio, lo cual además les excluye, en principio, de la posibilidad de compartir los elementos comunes que la historia y la cultura dan para los pares nacionales. Lo que aquí se plantea es que el proceso de identificación nacional, para el caso peruano, dependería mucho de la dimensión «heterogenizadora» del proceso. A pesar de la milenaria historia y la riqueza cultural, los elementos homogenizadores de la identidad peruana son precarios o aún están en construcción. Frente a ello, la existencia de referentes, que aglutinen la dispersión de patrones y valores naciona- les a partir de elementos externos, resultaría verosímil para el caso del sentido que el imaginario peruano otorga a Chile y los chilenos. En ese sentido, el sentimiento de rechazo a lo chileno permitiría, no sólo alejarse

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