Nuestros vecinos

José Miguel Florez 402 Por el otro lado, la decisión del Gobierno peruano de afirmar la inexistencia de acuerdos en la delimitación marítima con Chile, así como de iniciar un proceso para oficializar la misma, sí es, en sí misma, una decisión que involucra directamen- te la acción de un Estado y su institucionalidad. Sin embargo cabe preguntarse si en dicha acción y el impasse que lo provoca se agota la definición del «problema chileno». En nuestra opinión ello no es así, pues los márgenes definidos, para el curso de un impasse como el planteado, son muy claros, tanto que no permitirían entender la dispersión de las características que poseen la diversidad de eventos que fungen de síntomas para el problema de fondo. Recordemos sólo los últimos dieciocho meses: los grafitis hechos por un par de jóvenes chilenos en una pared inca en el Cusco; un video difundido por una aerolínea subsidiaria de la mayor empresa aérea chilena; la denuncia de la venta de armas chilenas al Ecuador; la sobredimensionada y sistemática compra de armamento por parte de la Fuerzas Armadas chilenas; el arribo y detención en Chile del ex presi- dente y actual prófugo de la justicia Alberto Fujimori; el registro, la venta masiva y la industrialización del «suspiro a la limeña» en los mercados chilenos; el registro chileno de algunas especies de papa nativas de su región andina; la inacabable batalla por la denominación de origen del «pisco»; la masiva «invasión» de los capitales chilenos a los mercados peruanos; la pretensión chilena de «tomar» secto- res estratégicos peruanos, tales como los puertos. En la lista presentada, con seguridad no se mencionan varios de los titulares que recurrentemente han aparecido en la prensa peruana los últimos meses. Frente a ello el problema de la delimitación marítima ha sido sólo eso: un titular más. Es claro que no se puede comparar la acción institucional de la administración de un Estado con el aspaviento provocado por algún periódico animoso por gene- rar mayores ventas en un día de feria, pero sí habría que aclarar que para los efectos de entender el «problema chileno» como un proceso social que va por deba- jo del Estado y que atraviesa una serie de fibras sensibles de la sociedad peruana, lo mismo dan varios kilómetros cuadrados de mar que una copa de pisco sour: el asunto está en encontrar el meollo del problema, y éste parte de conocer qué signi- fica Chile para los peruanos y, mucho antes todavía, qué significa el Perú para los peruanos así como ser peruano para los peruanos. Es en este espacio no estatal donde se encuentra la tierra fértil para los continuos e intermitentes eventos de tensión entre Perú y Chile. Insistimos con ello en que no es principalmente en los fueros del Estado que transcurre el «problema chileno». Es más bien en la calle, en las escuelas, en los pueblos y en las plazas en donde Chile se convierte en un problema para los peruanos. La insuficiencia explicativa de la relación con la potencia hegemónica En este acápite se pone de manifiesto cómo, frente a la naturaleza del «problema chileno», paradigmas realistas de análisis de las relaciones internacionales podrían alcanzar para explicar alguna dimensión del problema, pero, a pesar de ello, apare- cen insuficientes a la hora de explicar el problema en su integralidad. Específicamente tomemos como ejemplo la asombrosa adquisición de armamento

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