Nuestros vecinos
Mario Matus G. 354 en la distribución del poder. Desde este punto de vista, la falencia económica de Bolivia se yergue como una Path-Dependence que ejerce su influencia sobre un campo mucho más amplio que el propiamente económico. Respecto a la tercera pregunta, este trabajo parte de la premisa que en un mun- do cada vez más globalizado y en un entorno en el que las relaciones regionales son cada vez más complejas debido a las trayectorias diversas que viven sus países, Chile no puede permanecer de espaldas a la región, ya sea porque de ese modo se dejan de aprovechar experiencias de integración que pueden ser muy importantes como beneficio mutuo o porque no es recomendable que la percepción de encapsulamiento del país –paralela a la intensificación de relaciones extraregionales– contribuya a generar desconfianzas y prejuicios que produzcan un verdadero aisla- miento. En esa perspectiva, la defensa de los intereses del país no puede quedar resignada a las fronteras internas sino también debe descansar en una creciente cooperación, especialmente con los países vecinos. Yendo más allá y en una visión estrictamente económica, la experiencia históri- ca de los países desarrollados indica que la transición hacia modelos de desarrollo autopropulsados requiere una ampliación permanente de los mercados, que va a la par de crecientes aprendizajes empresariales en actividades productivas cada vez más complejas. Por un problema de economías de escala, en muchas ocasiones estos aprendizajes son imposibles de conseguir en un pequeño mercado interno como el chileno. Por tanto, la solución es traspasar las fronteras para radicar inver- siones y empeñarse en proyectos multinacionales. Pero tal como lo respalda la ac- tual estructura de las inversiones chilenas en el exterior, para los empresarios chile- nos es más difícil localizar esos proyectos y lograr esos aprendizajes en países desa- rrollados –donde la estructura de costes es muy elevada, las exigencias son mayores, la competencia es implacable y la distancia a los mercados pasa su propia factura. Por tanto, es necesario que tales aprendizajes puedan ser conseguidos en los espacios naturales conformados por los países de la región, que además levantan menos barre- ras culturales (idiomáticas, religiosas, estilos de hacer negocios, etc). Sin embargo, la mayoría de los países de la región presenta falencias institucionales muy severas: inseguridad jurídica, desigualdad intrínseca ante la ley, indefinición de los derechos de propiedad, peligro permanente de actuaciones discrecionales por parte del Estado en el respeto a los contratos, grados muy elevados de corrupción, asimetrías muy profundas entre los agentes, reducidos niveles de transparencia y alta opacidad institucional, situaciones permanentemente avaladas por informes de consultoras independientes y agencias internacionales vinculadas a los gobiernos y a la cooperación internacional. ¿Qué hacer ante esta situación?. Una alternativa es simplemente olvidarse de la región; la otra consiste en ir mejorando ese mal entorno para los negocios a través de mayores pasos en la integración –que no se limita a participar en una Unión Aduanera con Arancel externo común– y a la vez, adquirir experiencias incursionando en proyectos empresariales en países del Primer Mundo. Nuestro enfoque descansa claramente en la segunda alternativa, tal como pare- cen afirmarlo los patrones de localización de la inversión chilena en el exterior, y en la aspiración a que Chile se transforme paulatinamente en un país puente entre los grandes motores de la economía mundial y los países de la región, sirviendo de corredor de experiencias y obtención de capacidades y adquiriendo un lugar desta- cado que coincida con esas importantes funciones.
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