Nuestros vecinos
Raúl Bernal Meza 20 gentina, con la cual se comparte una de las tres fronteras más extensas del mundo y que desde la gestión de los gobiernos de Aylwin, Frei Ruiz-Tagle y Lagos fueron resueltos todos los problemas limítrofes que condicionaron durante siglo y medio la profundización de las relaciones bilaterales. El impacto de estos problemas, que en momentos tanto del siglo XIX como del XX pudieron haber conducido a conflictos militares, generaron a ambos lados de la frontera sentimientos encontrados hacia el vecino –percepciones distorsionadas y negativas (como el expansionismo)–, los que en buena medida también fueron alimentados por la cultura nacionalista, las interpretaciones de los historiadores, los textos de geografía y la formación educativa y militar. La atención prioritaria puesta sobre los vecinos por la presidente electa pone de manifiesto también la percepción de que las cosas en este ámbito no se hicieron del todo bien o, al menos, que comparado con el conjunto de las relaciones interna- cionales chilenas, las bilaterales limítrofes manifiestan importantes déficits –a pe- sar de haberse resuelto los problemas limítrofes con Argentina, las diferencias pen- dientes del Tratado de Lima de 1929 e impulsado y concretizado acuerdos de complementación económica y de libre comercio con los tres vecinos–, los que han quedado de manifiesto en las tensiones y conflictos político-diplomáticos de distin- to origen que han jalonado estas relaciones en los años recientes. No está demás recalcar que el pasado y presente de las relaciones chileno-perua- nas y chileno-bolivianas es difícil y complejo, aún cuando las lecturas desde esos países y las perspectivas futuras de las relaciones con Chile tienen matices bastante diferentes. A mi modo de ver, el cambio de la naturaleza de esas relaciones pasa no sólo por una reformulación de las mismas a nivel bilateral, sino también por la influencia de actores regionales clave, como Brasil y Argentina, hacia donde debe- rían dirigirse esfuerzos en el mismo sentido; modificando sustancialmente –en térmi- nos de calidad, concertación y cooperación política internacional– la situación ac- tual de esos vínculos bilaterales y en el contexto de un nuevo y aggiornado ABC. Las relaciones bilaterales limítrofes –a la luz de la tendencia que ha venido prevaleciendo en Perú de someter las mismas a esporádicos pero constantes puntos de tensión, cuestión que se agrava por la reciente delimitación marítima que de manera unilateral decretó el Congreso peruano, mientras las inversiones chilenas comienzan a recibir crecientes críticas y limitaciones 1 ; el escenario que abre la pre- sidencia de Evo Morales frente a la cual es posible que nos encontremos con nuevas demandas por la reivindicación marítima, asociadas a condicionamientos y renegociaciones sobre el mercado gasífero de nuestros otros vecinos que igualmen- te nos afectarán, que se agregan a las discusiones sobre la privatización de los puertos utilizados por ese país en el litoral chileno y el tema de las aguas del Silala; y las relaciones ambivalentes con un presidente argentino que a su discurso más 1 Los dos candidatos presidenciales peruanos que encabezan las encuestas han señalado que restringirán las inversiones chilenas en áreas consideradas «estratégicas», como los puertos. Según estimaciones, las inversiones chilenas en Perú rondan los cuatro mil millones de dólares (cfr. «Lourdes Flores: En mi Gobierno no habrá inversiones chilenas en puertos peruanos», El Mercurio online , Emol , miércoles 18 de enero de 2006, y http://www.mundohispanico.com/ paises/content/gen/ap/America_Latina/AMS_POL_PERU_CHILE_HUMALA.html; 18 de enero de 2006).
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