Nuestros vecinos

Una mirada a las relaciones Bolivia-Chile-Perú 175 productos. Algunas de las rutas interoceánicas más importantes, sobre todo las que vinculan los centros agrocupecuarios del medio oeste brasilero con el Pacífico, pasan por territorio boliviano. Ya están identificadas como estratégicas en los pla- nes de integración caminera del IIRSA. La segunda, es crítica: sus reservas de gas natural serán la energía que requiere ese inmenso polo de desarrollo. En efecto, el extraordinario crecimiento de las reservas de gas natural en Boli- via, lo convirtió en el centro de la oferta energética de los países del Mercosur, incluyendo Chile. Sus reservas aseguran la oferta de gas natural boliviano a Brasil, Argentina y Chile (sin contar a Uruguay y Paraguay) por los próximos treinta años y hay razones para suponer que su volumen es todavía mayor. Bolivia requerirá puertos en el Pacífico para exportar gas a los mercados de ultramar. Pasó la expectativa del proyecto de Pacific LNG, pero llegarán otras y Bolivia tendrá que aprovecharlas. Además, Chile necesita energía de Bolivia. Siem- pre puede encontrar opciones diferentes de abastecimiento, pero su costo influirá, tal vez severamente, en la tasa de desarrollo de su economía. La confirmación de la condición de Bolivia como abastecedor estratégico de energía en la región y la discusión sobre la ubicación del puerto por el que se expor- tará LNG a los mercados del Pacífico, movió las aguas del relacionamiento político regional, sin contar la tormenta social interna. Perú usó todos los recursos a su alcance para impedir que el puerto se estableciera en territorio chileno, la moviliza- ción social se llevó por delante el sistema político boliviano (ya para entonces muy debilitado) y la negociación chileno-boliviana terminó en la confrontación de Monterrey. El hecho es que la dotación de los recursos, la dirección natural de las rutas a los mercados de ultramar, los requerimientos de energía de la región, son ahora un dato nuevo e inexcusable de las relaciones entre Bolivia y Chile. Ninguna negocia- ción seria entre Bolivia y Chile (y Brasil, Argentina y Perú) podrá evadir, de aquí para adelante, para bien o para mal, la consideración de este tema. No asumirá, tal vez, la fórmula provocativa de «gas por mar», pero no dejará de figurar en el paquete de las cosas que se pueden hacer juntos. Desde que esos nuevos factores irrumpieron en escena, el tema de la reintegra- ción marítima dejó de ser un problema nacional boliviano. Está ahora en el interés de Brasil, de la comunidad sudamericana, y, sobre todo, del propio Chile y Perú. Todos tienen interés estratégico en liberar el potencial de crecimiento que ha sido descrito sumariamente. Y la demanda boliviana aparece como el obstáculo político que se debe remover. Eso explica el creciente movimiento diplomático en torno al asunto. Ya no se trata sólo de reiteración de la «simpatía» o «solidaridad» latinoa- mericana con la causa boliviana. Ahora están en juego intereses más concretos. Ese sentido de urgencia toma ahora una dimensión más ominosa. La reposición de una controversia territorial entre Chile y Perú, a propósito de los límites maríti- mos, añade un componente de amenaza a la paz, que siempre estaba presente, pero que no tenía la inmediatez que ahora asoma. El riesgo de situaciones de hecho en el área marítima en disputa y el comienzo de otra carrera armamentista, ya no es una hipótesis descartable. En un peligro real. Los tres países están en una encrucijada. Pueden escoger el camino de la coope- ración, de la modernización, de la inserción competitiva en la economía mundial. O

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