Nuestros vecinos
Solange Ahumada Jorquera 118 través de declaraciones del Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Ener- gía, Luis Sánchez Castellón (2004), justifica la incorporación del gas natural a los procesos productivos chilenos: …la decisión de una política durante los noventa, siempre estuvo pensada a mediano y largo plazo. (…) Sin desconocer la riqueza hídrica de nuestro país, que por cierto continúa siendo la principal en materia eléctrica (alrededor del 60% de nuestro parque es generado por hidroelectricidad) la mirada de los noventa hizo necesario apostar a la incorporación de otro insumo, que permitiera aminorar la dependencia, entregara mayor competitividad y algo más relevante, significara costos más bajos, factores todos que representaban al unísono el tratamiento que el país quería darle a su política energética. La llegada del gas natural a Chile, producida en 1997, fue la coronación de esa necesidad en política energética 2 . Incluso, en aspectos de rentabilidad esta decisión es la más adecuada, tal como lo asegura el académico de la Universidad de Chile Jaime Parada, «el Gobierno no se equivoca en términos económicos ya que los estudios señalan que la reconversión a gas le permitió ahorrar a Chile durante el período 1997-2003, US$ 2.000.000.000 en menor costo por el uso de las alternativas carbón y petróleo y US$ 4000.000.000 más por generación» 3 . Junto a estos antecedentes se debe considerar además, que al ingresar el gas natural como un importante elemento de la matriz energética, la dependencia por la energía hidroeléctrica, cambia hacia este componente. No por nada, durante los primeros años de la presente década, el 37 por ciento de la generación eléctrica en Chile tiene como base este hidrocarburo. Ello sin considerar, por ejemplo, las auspiciosas proyecciones que realizaba a principios del 2000 la Comisión Nacional de Energía, que contemplaba, entre el periodo 2004-2015 la construcción de siete nuevas centrales, todas ellas a base de gas natural. No obstante, la situación anterior cambia completamente en marzo del 2004, cuando el gobierno trasandino a través de la Resolución 265/2004, publicada en el Boletín Oficial de la República Argentina, decide iniciar los cortes de suministro de gas a Chile. Un resumen de este documento contempla algunas disposiciones como: ‘Adóptense medidas de prevención a efectos de evitar una crisis de abastecimiento interno de gas natural y sus consecuencias sobre el abastecimiento mayorista eléc- trico. Suspensión de la exportación de excedentes de gas natural que resulten útiles para el consumo interno. Programa de Racionalización de Exportaciones de Gas y el uso de la capacidad de transporte’. Estas medidas son adoptadas en el contexto de una fuerte crisis energética y de efectos encontrados en la coyuntura política doméstica del país vecino. Es así como el gobierno de Néstor Kirchner –de manera unilateral– decide redu- cir las exportaciones de gas natural hacia Chile, medida que desde el punto de vista jurídico, atenta directamente contra los principios establecidos por el Protocolo de Integración Gasífera de 1995. Es aquí donde surge todo un planteamiento del dere- 2 Luis Sánchez Castellón. «La política energética y la crisis del gas». Documento disponible en sitio web: www.chile21.cl. 3 Jaime Parada. «La política Energética en Chile: ¿Qué hay de regulación?, documento dispo- nible e www.ciudadania.uchile.cl/agendapublica.
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