La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista
270 Fernando Robles dejar sus intenciones sin aclarar y simplemente fingir, todo esto es inevitable. Pero si frente a estas situaciones se renunciara a las relaciones sociales y en particular a la comunicación, los sistemas sociales no existirían; pero como no hay ningún sistema de la sociedad que opere con interacciones simétricas, todas las asimetrías fungen como manifestaciones indexicales de la distinción inclusión/exclusión en los sistemas de interacción. Para que este temor de la inseguridad pueda ser reducido, debe existir confianza. Para ello, hay que efectuar una diferencia que introduzca una sensibilidad selectiva que transforme la desconfianza en confianza (Luhmann, 1996a). La desconfianza es una estrategia limitante, la confianza es una estrategia que amplía potenciales de acción y contribuye a que la comunicación se despliegue y expanda. La pregunta es: ¿con qué métodos se construye la confianza? ¿Cuál es la metodicidad que produce confianza y cómo se hace? A esta pregunta elemental, responden los estudios etnometodológicos sobre el psicoanálisis (Wolff, 1989), sobre los testigos y los jurados en la administración de justicia, sobre los chismes (Bergmann, 1987), sobre la relación médico/paciente, sobre la actividad de la policía (Sacks, 1972), etc. Si queremos indagar en el meollo de la construcción interactiva de la confianza, ella es el resultado de la vaguedad, de la indeterminación y de la sustitución de la información precisa (¿objetiva?) por medio del uso de la inferencia. Volviendo al tema de las situaciones de doble contingencia, habría que agregar lo siguiente: en ellas existe un contexto prácticamente producido que es eminentemente autorreferencial. Esto enriquece significativamente el tema del sí mismo entendido como Self o de las condiciones de posibilidad para la realización de la autointeracción autoindicante, en el sentido del interaccionismo simbólico, pero deja en claro al mismo tiempo las limitaciones de su programa de trabajo (Denzin, 2000). En efecto, cuando ego experimenta a alter como alter ego y actúa en su dominio experimental, cualquier determinación de ego a su acción se remite a sí mismo, tal como señala Blumer en aproximación a Mead. Pero también podemos leer la distinción de Mead entre Yo/Mi como la unidad de la diferencia entre un sistema psíquico (el Yo) y un sistema social (el Mi), que se hace reentrar en el sistema comunicacional del Mi como la unidad del self. Una lectura de Mead desde la teoría de las distinciones de G. Spencer-Brown podría hacer aún más productiva su teoría de la evolución social y de la socialización como el paso de otro significante al otro generalizado. Esto es algo que no podemos tratar aquí. Si el punto de partida para la configuración de cualquier sistema social es la indeterminación, en medio de la cual ego no puede saber cómo actuará alter (y viceversa) esto nos remite al tema de la autorreferencia: los sistemas de interacción que procesan sentido son demasiado sensibles para cualquier determinación. Por ello es que la doble contingencia opera como un acelerador en la construcción de los sistemas sociales. El condicionamiento de la doble contingencia contribuye a sensibilizar en vista de otros condicionamientos: crea sensibilidad para la casualidad
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