La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista

268 Fernando Robles enfermedad) (Simon, 1993: 266) hasta la realización de rituales como una misa (uno de los programas básicos del código inmanencia/trascendencia) (Luhmann 1977). Ahora bien, el lado excluido de la extracontextualidad temporal es la duración. En efecto, si bien no podemos afirmar que mientras más fuerte e intensa sea la determinación temporal extracontextual de las formas-tiempo, más extensa (y prolongada) será la experiencia de la duración (Bergson, 1973: 15, Schutz, 1995: 100), esta última se construye interactivamente en oposición a la hiperautonomía de los sistemas funcionales (Fuchs, 1997). Sería ingenuo postular que los sistemas de interacción y sus experiencias temporalizadas de duración puedan ser “opositores revolucionarios” a los sistemas parciales o a la forma que históricamente asume la diferenciación de la sociedad, pero es indudable que las formas irritantes de duración (como la espera, por ejemplo, en los consultorios de atención primaria de salud) o las experiencias de duración en los sistemas determinados por las asimetrías donde predomina la jerarquía y el sometimiento (y sus duraciones específicas “conversadas”), irritan a las individualidades involucradas y potencializan protesta y conflicto. Las formas prácticas de interacción que canalicen las duraciones entendidas como explicaciones prácticas comunicadas en conversaciones pueden desembocar en “ajustes secundarios” específicos, como ha señaladoGoffman (1973). Si consideramos las incitaciones de G. Spencer Brown (1997) y entendemos al medio tiempo como el producto de la introducción de indecisiones momentáneas en los sistemas que operan autorreferencialmente, operando por autorreferencia (la memoria) y por heterorreferencia hacia el entorno (oscilación), es precisamente la introducción de la duración en el sistema de comunicaciones conversadas lo que posibilita la comunicación acerca de percepciones, teniendo en cuenta la diferencia ecológica entre comunicación y conciencia. Como en el proceso de comunicación, las selecciones que siguen a las selecciones intensifican el área de lo aceptable, los sistemas psíquicos parece que se “convierten” en personas, en una especie de collages de expectativas que fungen como puntos de referencia para otras selecciones. Estos collages de expectativas son poderosos realizadores de las faenas competentes de la configuración de la realidad, lo que no significa confundirlos con “Yoes” transcendentales: en rigor estricto, para la conformación de la observación de las formas-personas, no hay ningún Yo en juego, sino un vaciamiento del Yo (Varela, 1997: 158). ¿Pero cuales son estas “otras selecciones?” Para la observación de estos collages, es decisiva la segunda selección distintiva de la comunicación, la forma de comunicar. La divergencia fundamental entre información y forma de comunicar consiste en que la misma información se puede comunicar de múltiples formas, por lo que la información que no se comunica permanece aprisionada en la percepción. A nuestro juicio, es la forma de comunicar, aquello que se muestra (y cómo) y es observado por los interlocutores del sistema de interacción conversacional, lo crucial

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