La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista

Sistemas de interacción, doble contingencia y autopoiesis indexical 265 Si la idea de la doble contingencia como realización práctica es efectivamente un autocatalizador, las consecuencias de esta constatación para la teoría de la sociedad son enormes. Entonces, la teoría sólo puede tratar de una realidad mantenida en suspenso, se trata de una empresa extraña, de un colorido distinto al de las teorías convencionales La EM, por su parte, ha hecho de este principio de esperar para dar cuenta de lo que se está gestando, un principio metodológico elemental de la observación de observaciones (Wolff, 1995). Ya no es posible fundamentar la estabilidad del orden social mediante a prioris, como los valores o el sistema de regulación normativa. Lo que se sitúa en el lugar de los a prioris es, en su lugar, opaco e histórico. Esto vincula estrechamente al CSO al paradigma interpretativo y más aún a la EM. En realidad, no se necesita ningún consenso valórico, cognitivo o explicativo para asegurar una continuidad lábil del orden social, otro orden es sencillamente inaceptable. No es necesario conocer las leyes de la óptica para ver y menos aún rememorar las leyes de la gravitación para caminar. Pero la sociología se remite sistemáticamente a consensos de valor fundamentalistas para resolver el problema de la configuración de órdenes sociales y conferirles estabilidad, una estabilidad que es más bien un producto teórico que una propiedad práctica de los sistemas sociales. Se trata de reediciones de reediciones de contratos sociales del modelo de Hobbes y/o de Rousseau. Incluso desde el punto de vista del interaccionismo simbólico y su hipótesis de las realidades negociadas es válido lo anterior: la condición elemental para que esta negociación se lleve a cabo es que cada selección se experimente como contingente y que se genere una sucesión temporal, de tal manera que las selecciones se alternen y se ubiquen en el tiempo. Y sobre todo que las negociaciones ingresen al sistema en calidad de comunicaciones, las que deben ser aceptadas como tales para que cualquier negociación pueda ser observada. La doble contingencia como realización práctica conduce a la formación de sistemas sociales: este es el meollo de los sistemas sociales. Bajo la influencia catalítica propia de la doble contingencia y la presión de selección que provoca, surgen límites que no separan ni unen a los individuos, sino que son una zona propia y única del sistema social. Ella no se constituye en el espacio entre los individuos. En esta región de doble contingencia que resuelve la doble contingencia, los individuos son entornos del sistema de la sociedad, desde el entorno, los individuos están en condiciones de irritar a la sociedad, de formularle preguntas capciosas a los sistemas sociales, de ser insidiosos con las normas o con los que hacen de ellas una religión civil de control social, de ejecutar comportamientos inmorales sin temer al Leviathan de la anomia, que es una construcción de facto represiva, o de tender artificios reflexivos que lleven a la sociedad a una presión conversacional que pueda producir mutaciones (Luhmann, 1998b: 199).

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