La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista
264 Fernando Robles emergente que pueda hacer uso estructural de la casualidad. Este estado de espera debe repercutir metódicamente en la observación de segundo orden: para acceder a la observación ajena, el observador de segundo orden tiene que saber esperar. Aquí, la doble contingencia canaliza la demanda de información aclarativa en medio de la complejidad existente. Abre paso a la desproblematización problematizante. Los problemas que imponen un imperativo de selección son los catalizadores efectivos de la vida social, porque se puede mantener en la indeterminación el estado de espera, es decir, en las palabras de Garfinkel, necesariamente y para- todos-los-efectos-prácticos, las expectativas flotando en la vaguedad del lenguaje en ejecución. Incluso habría que agregar que los estados de espera operan como sostenedores de los recursos complejos de desproblematización que dan cuenta de semánticas específicas de la cotidianeidad (Robles, 1999: 250). Pero, si hablamos de problemas ¿de qué problemas se trata? ¿Qué tipo de problemas son los que enfrentan (y resuelven) los interactuantes que conversan? A nuestro entender, los problemas pueden ser de dos tipos elementales: a) puede tratarse de problemas que afectan a los temas específicos y que se incrustan en los horizontes diferenciados de expectativas que no se comparten, por lo que pueden producir estrategias de desproblematización, disculpas y/o justificaciones (Scott y Lyman, 1973), teniendo siempre presente la posibilidad del rechazo de la comunicación de parte de el/los interactuantes. En este caso, los programas dispuestos como temas en horizontes, mutan, se reformulan (generalmente con muchas palabras) o cambian de forma, excluyen, estigmatizan o pueden ser observados como conservadores, como sostiene Maturana. Pero lo que no sucede es que la recurrencia espontánea de interacciones conduzca al amor. Y menos aún que “sin amor, no (haya) socialización y que cualquier sociedad se desmorone, cuando el amor se apaga” (Maturana, 1987: 287). La ingenuidad de esta aseveración de Maturana es indescriptible. b) puede tratarse de problemas estructurales de la interacción y remitirse a soluciones prácticas que configuran patrones de ordenamiento producidos interactivamente por los mismos interactuantes en el curso de sus conversaciones, como por ejemplo “cómo poner fin a la interacción”, cómo intercalar historias y producir “prefacios” para evitar ridiculizaciones, cuándo y para qué abrir secuencias inicializantes, cómo producir “relevancias condicionantes” que prescriben campos contextuales, etc. De este último tipo de actividades prácticas, el análisis conversacional inspirado en la EM ha desplegado un gigantesco y diversificado trabajo empírico, ubicado precisamente como observación de segundo orden, es decir, especializado en las observaciones de observaciones de conversaciones. Para ello, la distinción código/programa en los sistemas de interacción es fundamental.
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