La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista
Sistemas de interacción, doble contingencia y autopoiesis indexical 263 posibilidades de observaciones de segundo orden en los sistemas de interacción ha sido producido por el análisis conversacional, una observación de segundo orden altamente especializada de sistemas conversacionales de interacción. Si hasta ahora el AC no ha logrado autoobservarse como observación de segundo orden, no tiene para nosotros la menor importancia. En realidad, en medio de la doble contingencia, la conducta de los demás no se vuelvetan indeterminablehastaqueseencuentraenmediode laprácticaconversacional de la doble contingencia, en particular para el que quiera pronosticarla. Entonces, la doble contingencia se da en medio de una indeterminabilidad producida precisamente por el pronóstico. Esto es: en medio de una rutinización de la conducta, cuando queda en claro que una pronosticabilidad basada en ella se usa para motivar una conducta complementaria, esto puede ser un motivo para cambiar la conducta pronosticable, y por lo tanto para desbaratar el pronóstico. Este fenómeno de permeabilidad en la apertura cognitiva de la que están dotados los sistemas autopoiéticos de interacción, pone una vez más de manifiesto que con sus intenciones de pronosticabilidad en medio de la contingencia, la sociología objetivista cava su propia tumba, y además convierte a su ingenuidad epistemológica en filosofía social. Pero se puede proceder también reconstructivamente y congelar en el tiempo la fugacidad altamente temporalizada de interacciones habladas con la ayuda de medios audiovisuales, para hacerlas observables y disponibles. Y entonces hay que prescindir del pronóstico y concentrarse en la observación de segundo orden para producir descripciones que puedan exponerse con el material empírico de los registros. Es decir, el analista de conversaciones tiene que poder ubicarse en el unmarked state de las observaciones de primer orden ajenas y desde allí cruzar al “otro lado de la distinción”, lo que supone entrelazar su observación con las de los observadores de primer orden. Dicho de otra manera, se trata de urdir una trama entre su observación propia y las observaciones ajenas. Tanto en la observación de primer orden como en la de segundo orden, el pronóstico —y esto es lo sorprendente —se convierte en la propia refutación de sí mismo y de la rutinización, estimulando su propia inutilidad. La autorreferencia basada en la circularidad de la consideración mutua se vuelve negativa, y por lo tanto fructífera. Esta apertura al reacondicionamiento se basa en esta negatividad: en la duplicación de la contingencia. Ego experimenta la no-identidad de las perspectivas y al mismo tiempo la identidad de esta experiencia de ambos lados (de alter y de ego) Es decir, sucede justamente lo contrario del consenso contrafáctico habermasiano. Justamente por eso, para los interactuantes, la situación va resultando inestable e insoportable. En esta experiencia converge un interés práctico por la determinación y con ello se abre la posibilidad para la formación de un sistema en estado de espera, un sistema
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