La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista
262 Fernando Robles Garfinkel, que el sistema de intercambio de explicaciones prácticas ( accounts ) indexicales, deja de reproducirse y las conversaciones llegan a su fin. El sistema social que de allí resulte se basa, por lo tanto, en medio de la doble contingencia, en la inestabilidad. Necesariamente es un sistema autopoiético, opera como una estructura circularmente cerrada que se desmorona en el momento en que no continúa conectándose (o cuando no se reacciona frente a la inestabilidad) y sólo la cerradura operacional da curso a la apertura cognitiva evitando que el sistema sea destruido por la contingencia del entorno. ¿Qué de trágico hay en que un sistema de interacción finalice? En principio nada, porque, precisamente si los sistemas de interacción no estuviesen dotados de una altísima temporalización y duraran siempre, se convertirían en tediosos, aburridos y se atocharían de problemas tales como “de qué manera se puede poder fin a la conversación”, el famoso “clossing problem” que tematizan Schegloff y Sacks (1974). La conclusión de lo anterior es simple pero concluyente: sólo los sistemas de interacciónquefinalizan,reabrenposibilidadesdeserreiniciados.Losquesesumergen en el tedio no autocatalizan posibilidades suficientes para que puedan reconfigurarse (Robles y Arnold, 2000b). Que huir del tedio ofrece múltiples alternativas, subraya Ranulph Glanville. ��� �������������� ����� �������� ���������� ����� ������ �� Las conversaciones deben contener novedades, poder hablar de tópicos novedosos, “in part, this is for the obvious (but frequently overlooked) reason that conversations involve the creative, constructive input of two partcipants and we cannot ever know the meaning of the other, and hence cannot know his input (…). The possibility of novelty is increased in the act of representation, because (again) saying two things are the same is also saying they are different” (1996). La doble contingencia como realización práctica es un fenómeno que tiene sus efectos. El principal de ellos es que, dentro del espacio de libertad y de selectividad, la conducta se convierte en acción o, mejor aún, en inter-acción conversacional. Esto hace que esta propiedad de la emergencia de los sistemas sociales tenga una función elemental de autocatalización: hace posible la construcción de estructuras donde el nivel de las perspectivas se regula a sí mismo, aun en medio de la inestabilidad. La experiencia contingente hace posible que la casualidad pueda ser usada y explotada para las funciones condicionantes del sistema: la transformación de las casualidades en posibilidades en la configuración de estructuras que, como hemos señalado, se plasman en expectativas “conversables”. Pero las casualidades hay que observarlas teniendo en cuenta el principio del “orden en todos los puntos” de Harvey Sacks (1984) en los sistemas de interacción. Hay que preguntarse por lo menos (a) cómo opera la toma de los turnos en las conversaciones, (b) de qué recursos y métodos se sirven los interactuantes para producir sus propios ordenamientos conversacionales y a qué problemas de interacción responden dichos ordenamientos, (c) cuál es la función de los silencios y qué tipos de silencios se pueden observar, etc. Todo este ensamblaje de
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