La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista
Perspectiva de la investigación social de segundo orden 153 Weber. Planteamiento que supone la búsqueda de un conocimiento que recupere los fines en el hecho social y el sentido histórico de la acción social. El reencantamiento del mundo implica un conocimiento social que integre la realidad fáctica con el significado, es decir, reconozca que hay una unidad entre la naturaleza y los seres humanos. Precisamente, Carlos Marx es quien resolvió el problema de la objetividad del conocimiento, mediante la práctica sociohistórica, la transformación de la realidad como el criterio fundamental para evaluar la bondad del saber, llevar el conocimiento al mundo social. La objetividad del contenido cognoscitivo aparece comprometida con la tarea humana de conferir sentido histórico al conocimiento científico, de trascender el nivel puramente fáctico y reivindicar cuestiones que vayan más allá del puro hecho. La ciencia integra al sujeto y por lo tanto la intencionalidad que motiva los actos humanos. Las teorías científicas se corroboran cuando los conocimientos logran los resultados esperados en la práctica sociohistórica, cuando el hombre propugna realizarse a sí mismo como persona en su práctica social. Se incorpora al saber y al hombre el mundo de la vida y de la subjetividad trascendente, el en donde que le confiere sentido, que constituye el horizonte de la práctica científica humana. El conocimiento de naturaleza reflexiva alcanza la objetividad en el viejo enunciado de Marx (1974: 24): “ El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva, no es problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad del pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico” . El conocimiento científico se interrelaciona estrechamente a la práctica sociohistórica, depura el conocimiento científico e impulsa su desarrollo. La praxis social humana no rechaza el empleo de métodos específicos de corroboración de las teorías, corresponden a la dimensión de su consistencia lógica y formal. Con razón Habermas integra el criterio formal y el criterio sociohistórico de la objetividad y distingue tres aristas en la relación praxis y teoría: la primera se refiere a la propiedad de la investigación como una actividad colectiva que implica una forma de práctica social que tiene por finalidad la prueba formal de las teorías mediante criterios intersubjetivos de evaluación desarrollados por la comunidad científica. La segunda dimensión de la práctica corresponde a las teorías y sus “ teoremas se apliquen y puedan someterse a prueba ” de la práctica sociohistórica. La tercera forma se expresa cuando la práctica posibilita en las teorías científicas la “ selección de estrategias adecuadas, cuestiones tácticas ” en la lucha por transformar la sociedad (Habermas, 1963). En conclusión, la objetividad es una conquista del conocimiento científico que se realiza reflexivamente contra el sentido común y su validación última por la práctica social incluye la importancia de la validación formal, la utilización de criterios metodológicos rigurosos de contrastación empírica y coherencia lógica.
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