La nueva teoría social en Hispanoamérica: introducción a la teoría de sistemas constructivista

152 Julio Mejía conceptos. La objetividad del conocimiento depende aquí de los criterios generados por la comunidad de investigadores sociales. Aquí sigue siendo válida la propuesta kantiana de la objetividad formal, la teoría científica se justifica como conocimiento crítico y sistemático , es decir, lo central recae en explorar, analizar la teoría en sus contradicciones y en sus contrastaciones (Martínez, 1999: 84). Sin embargo, la idea de la prueba de hipótesis o teórica ha entrado en crisis no sólo porque la filosofía y la sociología de la ciencia muestran que escasamente a las teorías se les rechaza por la demostración de su falsedad, más bien se aceptan las ideas debido a que explican mejor los hechos o debido a que enfocan otros hechos de mayor significación (Van Dijk, 1999: 17). La crisis de la prueba empírica se evidencia en el duro cuestionamiento realizado principalmente por Popper, Lakatos y Khun. El resultado del proceso anterior es el debilitamiento del ideal de la objetividad en la investigación científica. En efecto, Popper (1977: 27-30) ha destacado la imposibilidad de probar o verificar, las hipótesis sólo pueden falsearse, el conocimiento científico se desarrolla por el ensayo-error de las hipótesis falsables. Lakatos (1989: 65) no solamente niega la verificación sino la imposibilidad de refutar las teorías, el conocimiento científico depende de los programas de investigación y de un núcleo central de principios axiomáticos, el programa define reglas metodológicas, algunas de las cuales establecen las rutas de investigación que deben seguir o evitar el desarrollo de la ciencia. Kuhn (1982) desarrolla la idea de que la ciencia y la investigación científica son actividades de una comunidad científica que comparte un paradigma, que responde a la utilización compartida de las mismas herramientas conceptuales y metodológicas. Dentro de ese contexto, la limitación de la objetividad formal se explica fundamentalmente por la concepción positivista del saber científico. El conocimiento y el hombre se reducen a la idea de un ser en sí objetivo , el saber se define por la verificación empírica y las disciplinas sociales por la simple relación entre los datos. Aquí, la vida espiritual del hombre y el saber, en particular, se fija en criterios cosificados, la objetividad se identifica únicamente con la realidad fáctica, con los actos externos, es algo dado. La objetividad al reducirse al puro objeto pierde su calidad humana, su significación para la vida, pierde el sentido del ser y el conocimiento se aleja de los fines, de lo que es más específicamente humano y lo anula. En esa dirección, el ser en sí objetivo no es humano, lo que lo define como humano es la intención que lo impulsa, el significado que representa para el sujeto y el propósito que supone en la acción social. Un hecho social objetivo puede tener diferentes sentidos, y hechos variados pueden poseer el mismo significado. El ser en sí objetivo en esencia no existe, lo que realmente tiene existencia humana es el ser con significado para la vida (Gómez-Heras, 1989: 47-62). En otra investigación, Immanuel Wallerstein (1997: 81-82) reclama un reencantamiento del mundo para las ciencias sociales, siguiendo la huella de Max

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