materialización del diseño. Al respecto, Del Río (2005) detalla que el interés de la empresa
constructora es tener un proyecto “
fácil, rápido, económico y eficiente”; el del arquitecto, un
proyecto “
[con la]
calidad
[como]
lo más importante, importa menos el costo, que perdure
”; y el
mandante, por su parte, mantiene una “
posición intermedia, con dudas para decidir
”.
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La segunda amenaza a la constructividad de un proyecto se explica por la falta de una definición
precisa (directa e indirecta) de los límites de acción de los distintos actores. Formalmente, la
definición de los métodos y procesos de construcción le corresponden al constructor, pero en la
práctica están implícitos en el diseño (Glavinich, 1995). Esto implica que, aunque una parte de los
problemas de obra tienen su origen en el diseño, el constructor es siempre responsable por ellos y
por lo mismo se le exige que los resuelva. Los diseñadores, y en especial los arquitectos, no sufren
las consecuencias de un proyecto con baja constructividad y por tanto, no tienen mayores incentivos
para mejorarla.
b. Métodos contractuales de construcción
Las condiciones contractuales pueden también jugar un rol decisivo en el grado de constructividad
de los diseños. Representan amenazas aquellos proyectos organizados con equipos extremadamente
independientes o fragmentados, con poca articulación entre sus participantes, sin intervención de los
diseñadores en la construcción o con restricciones fuertes de tiempo dedicado al diseño.
En un sistema contractual integrado (o
D/B Design-Build
,
Diseño-Construcción
), el mandante solicita
a un solo equipo profesional la realización total del proyecto. Al ser naturalmente integrado, los
diseñadores (arquitectos e ingenieros) trabajan de la mano con los constructores. Desde las más
tempranas etapas del proyecto se incorporan las particularidades y características específicas de los
procesos de construcción en el diseño. En cambio, en un sistema contractual no integrado (o
D/B/B
Design-Bid-Build,
Diseño-Oferta-Construcción
) el mandante contrata a un equipo específico para el
diseño y luego elige a otro equipo exclusivo para la construcción; por ejemplo, a través de una
licitación pública o privada. Esto supone que el equipo constructor (y sus características particulares
y específicas de trabajo) no aparece en el proyecto sino hasta cuando el diseño ya está en un nivel
avanzado de desarrollo; justo cuando las modificaciones para mejorar la constructividad son
complicadas y costosas. En una parte importante de los casos, sólo los cambios críticos son
realizados, y por lo tanto, el diseño sufre una pérdida importante de constructividad potencial. La
excesiva subcontratación de especialidades acrecienta los problemas: aun conociendo a la empresa y
al constructor, no se puede saber cuáles son las características y procedimientos particulares (maqui-
narias, herramientas, mano de obra, etc.) de quienes realmente realizarán el trabajo, pues serán
posteriormente subcontratados a proveedores que no participan de los procesos de diseño o licitación.
LOYOLA, Mauricio y GOLDSACK, Luis.
Constructividad y Arquitectura
[Versión digital PDF]
1ra edición. Santiago: Universidad de Chile, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, 2010
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