Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria
52 H. Stange, C. Salinas, E. Santa Cruz A. y J.M. Santa Cruz G. esas representaciones. Por otra parte, la noción de discurso refiere también a los modos y medios de representación de la realidad que se cristalizan en películas, textos, pinturas, edificios, canciones, etcétera. Estos median los hechos so - ciales y otros discursos e imaginarios, a guisa de intertextos o expresiones formales de relaciones sociales no necesaria- mente institucionalizadas, pero dentro de un orden social, epocal y culturalmente situado. Por ejemplo: el discurso literario, el cinematográfico, el televisivo, el fotográfico, el pictórico, entre otros. El discurso cinematográfico sería, entonces, parte de los sistemas discursivos de representación , «aquellos sistemas de significado a través de los cuales representamos el mun - do ante nosotros mismos y ante los demás» (Hall, 1998, p. 45), en los que se disputa abiertamente por la hegemonía interpretativa de la realidad, pero no en su dimensión de contener una idea o concepto específico, sino entendiendo que «el discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse» (Foucault, 2005, p. 12). Tales sistemas discursivos de representación operan inicialmente en tres for- mas: 1) reflectiva: cuando existe una serie de convenciones que activan a la representación como reflejo del mun - do de los objetos, esa exterioridad a lo humano que constituye el mundo; 2) intencional: cuando el privilegio de la representa - ción es el vehículo de un sentido individual o perso- nal; 3) construccionista: el sentido que constituye la exte - rioridad de lo humano se construye en y mediante el lenguaje (Hall, 2010, p. 445). La representación opera también como sustituto de
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