Monumentos espectrales. Desajustes del audiovisual chileno con la historia y la memoria

174 Guillermo Jarpa tarea de realizar los guiones y desarrollar el perfil de los personajes: «nos dimos cuenta de que no tenía ningún sentido comprar la serie. ¿Para qué íbamos a adquirir un formato para contar la historia de una familia?» (Bassofia, 2012). En ese sentido, se podría formular la hipótesis de que lo primordial, a la hora de reforzar la narrativa de la serie, fue construir personajes característicos que carguen con un peso determinado, que a su vez hicieran contrapeso con los otros personajes. La solidez de esta caracterización es crucial para el desenvolvimiento de los conflictos, y por tanto la cruz de cada personaje debía adecuarse a ciertos rasgos de verosimilitud ancladas en el imaginario de lo que significa ser una familia de esfuerzo durante los atribulados años ochenta. La solidez de esta propuesta, por otro lado, debía también permitir un diálogo con el peso de la «Histo- ria» representada; es decir, que los conflictos de los persona - jes estuvieran gatillados por los sucesos históricos inscritos en los anales de la «historia televisiva», cuya base de realidad es la «Historia», pero transmutada por el dispositivo tele- visivo. Mal que mal, la trama de Los 80 gira en torno a la televisión como agente y mediador de imaginarios. La familia de Los 80 está compuesta, en sus primeras temporadas, por Juan Herrera, el padre de carácter machis- ta, pero abierto a ceder en sus ideas si es que las condicio- nes lo requieren, quien tiene que cargar con la obligación de proveer económicamente y dispensar valores de crianza. Ana López, la madre dueña de casa severa pero cariñosa, carga con mantener el orden económico y afectivo, siendo el sostén, pero también la restricción, a su vez que puntúa la misión de Juan como modelo a seguir. Claudia Herrera, la hija mayor y única adulta al inicio de la serie, carga con la responsabilidad de cumplir con los mandatos de ser la primera hija de una familia responsable y respetuosa, con la obligación de estudiar y demostrar que su crianza ha sido correcta. En la misma línea de Claudia, pero con marcadas diferencias (el privilegio que le otorga su género, su condi -

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