Beauchef 850. Movimiento estudiantil de los 80

Movimiento Estudiantil de los 80 21 Como no había posibilidad de manifestación explícita- mente política, la disidencia comenzó a expresarse en torno al arte y la cultura, donde los mensajes en contra del régimen tomaron fondo y forma cargados de alusiones indirectas, e incluso metafóricas. El canto y el teatro fueron ámbitos de protesta cultural en los que se reunían, siempre con sigilo, los opositores. Germen de muchas de estas expresiones fueron las uni- versidades. Y, por cierto, la principal de ellas: la Universidad de Chile. El histórico Instituto Pedagógico, ubicado en avenida Macul, era el más vigilado y reprimido por el régimen, pues siempre fue un foco de pensamiento crítico. En otros campus de la universidad también se desarrollaron expresiones cultu- rales que reagruparon a alumnos disidentes. Por ejemplo, sería muy importante, por lo que vino después, el Ballet Folklórico Antumapu, del campus homónimo, donde estudiaban futu- ros agrónomos, ingenieros forestales y veterinarios. Y también el conjunto folklórico de la Facultad de Ingeniería, los talleres literarios en la Facultad de Derecho y de teatro en Medicina (allí participó, entre varios, el estudiante de Psiquiatría Marco Antonio de la Parra, que con los años llegaría a ser uno de los más importantes dramaturgos nacionales). Los tiempos no estaban para sinceramientos públicos que podían costar la vida. Como lo único permitido era el deporte y el folklore, había que ser creativos y, a partir de ello, expresar- se. Por eso poco se supo, en aquellos años, acerca de la filiación o simpatía política de quienes eran parte de esas instancias. Sin embargo, desde allí surgiría la reagrupación política que llevaría a levantar el movimiento estudiantil, exigiendo auto- nomía para la universidad y luego democracia para el país. El de Ingeniería era un grupo folklórico consolidado y convocante. Por ello tomó la iniciativa de invitar a las agru- paciones de otros campus como una forma de reencontrarse y avanzar juntos en una universidad que impedía la reunión estudiantil. La idea era simple y ambiciosa a la vez: congregar a los alumnos a través del arte. Cartas de invitación, contactos personales, pasillos recorridos uno por uno. Ahí empezó a lle- gar gente de distintas áreas artísticas y de todas las facultades. Música, teatro, poesía. Ingeniería, Antumapu, Medicina, Pe- dagógico, Casa Central... El éxito de la convocatoria se debió a la necesidad de reagruparse en ese páramo de la desolación y, sin más, en mayo de 1977 constituyeron la Agrupación Folkló-

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