Beauchef 850. Movimiento estudiantil de los 80

Movimiento Estudiantil de los 80 19 DE CHACARILLAS AL CANTO POPULAR En mayo de 1976 asume el general de Ejército Agustín Toro Dávila como nuevo rector-delegado, que estaría hasta diciembre de 1980. Como decano de la Facultad de Ingeniería, ese mismo año, era designado el astrónomo Claudio Anguita, quien —según el relato de quienes fueron estudiantes y acadé- micos en la época— tendría un papel importante en beneficio de la vida universitaria en Beauchef. En los campus y en el país, todo parecía estar controlado. Y por eso el general Pinochet, a instancias de su ideólogo Jaime Guzmán, debía anunciar una suerte de “refundación de Chile”, personificada con la cara de la juventud adherente al régimen. Eso ocurrió, solemne y simbólicamente, en el cerro Chacarillas de Santiago, en la fría oscuridad del 9 de julio de 1977. Esa noche, en conmemoración del Combate de La Concep- ción, desfilaron 77 jóvenes portando antorchas personificando la misma cantidad de soldados héroes muertos en esa batalla de la Guerra del Pacífico. El acto, organizado por el Frente Ju - venil de Unidad Nacional —también ideado por Guzmán—, tuvo una puesta en escena inspirada en el franquismo español y, más específicamente, en la Falange de José Antonio Primo de Rivera, en la idea de institucionalizar de un modo monumental y casi místico la ahora llamada “democracia protegida” pino- chetista. Entre los que levantaban antorchas estaban, además de figuras del deporte y de la televisión, unos juveniles Man - fredo Mayol y Joaquín Lavín Infante y dirigentes promovidos por el régimen, como los estudiantes de la Universidad de Chile Fernando Barros Tocornal (presidente designado de Derecho), Patricio Cordero, Patricio Melero (de Agronomía, que al año si- guiente sería vicepresidente de la primera directiva de la FE- CECH); y de la Universidad Católica, Andrés Chadwick, Juan Antonio Coloma y Cristián Larroulet, entre otros. El momento cúlmine de esa velada con símbolos fascistas fue un discurso refundacional del general Pinochet, anuncian- do una supuesta transición en el lejano horizonte y prometien- do un retorno a la democracia por etapas. En la trastienda de Chacarillas, los “otros” jóvenes debían buscar nuevas formas de expresión para reconectarse y convi- vir, en medio de la vigilancia de la universidad gobernada por militares. La cultura tomó el rol aglutinador de la disidencia, por medio de ciclos de cine, talleres de teatro y de escritura,

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